Cuantas veces hemos atravesado situaciones difíciles y nos hemos preguntado ¿qué está pasando? ¿por qué a mi? ¿qué hice para merecer esto?
Nos victimizamos y enfrascamos en esa circunstancia adversa, pero no somos capaces de repasar nuestras acciones, ver qué estamos haciendo mal para corregir y tratar de que las cosas cambien a nuestro favor.
Quizá muchos consideren mi apreciación absurda, ya que la mayoría de las personas no cree en la metafísica, y esta ciencia, precisamente, se rige por ciertas leyes que deberían ser aplicadas o puestas en práctica por todos, particularmente, dos de ellas, que son las que nos ayudan a vivir en sintonía con el resto del mundo.
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Estas no son otras que la ley de atracción y la ley de causa y efecto, o la que algunos conocen como "ley del boomerang".
Ley de atracción
Nos indica que somos lo que pensamos, es decir, que si nuestros pensamientos están cargados de negatividad, eso es lo que se va a reflejar en nuestras vidas y si alimentamos nuestro subconsciente con pensamientos optimistas, eso se materializará, ya que con pensamientos positivos transmitimos energía positiva y automáticamente el universo conspira a nuestro favor.
Ley de causa y efecto
Nos enseña a tratar a los demás como nos gustaría ser tratados, en otras palabras, ser empáticos. Pues nos invita a tener siempre presente que el bien o el mal que hagamos en la vida, tarde o temprano se nos regresará y que a veces, el costo que debemos pagar por nuestros errores, es sumamente alto. No olvidemos que la vida es como un restaurante, nadie puede irse sin pagar su cuenta.
Si pusiéramos en práctica estas leyes, independientemente de que seamos o no partidarios de esta ciencia, nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza y estoy segura que la vida sería más placentera.
A veces nos vemos ante hechos insólitos, como tener que recurrir a personas a las cuales les hemos hecho daño y es en ese momento, cuando nos damos cuenta de que es cierto que existen estas leyes o cuando sustituimos pensamientos negativos por positivos, podemos apreciar cómo el viento empieza a soplar a nuestro favor.
Ahí están inmersas esas leyes, está de parte de nosotros ponerlas en práctica. Hagámoslo y el cambio será automático!
No soy fiel practicante de la metafísica, pero me llama mucho la atención y trato (en la medida de lo posible) de cumplir estas leyes para vivir en armonía perfecta y divina.