No entiendo
aquellas mentes
que quieren soñar
y no sueñan,
ni a esos
labios,
pidiendo permiso
para tocarse;
no entiendo
esta vida,
porqué la felicidad
se pospone
por lluvia.
No te entiendo.
Entiéndeme tú
que no es falta
de comprensión
cuando aquellas,
nuestras manos,
que se unen,
se suman y se restan
sin darse cuenta.
Pero entiéndete
mejor tú mismo,
entiende de una vez
por todas
que no eres trofeo
ni copa;
que no eres suerte
ni azar;
que en el amor
no hay calendarios
y que para muchas
serás la luz de una
hermosa estrella fugaz
y para pocas
la única razón
para mirar el cielo,
no más.
Qué pena vida mía,
no te puedo entender,
pero te quiero.