Un lobo andariego, estaba visitando el pueblo, llevaba un suéter de león, para parecer un gran señor.
Se admiró con las amapolas amarillas, que con el viento se movían, dando la sensación de que un día fresco hoy sería. Una duda inmensa revoloteó por su cabeza.
¿A que olerán las flores?
A gaviotas que almorzaron cigarras,
a montaña con praderas quemadas,
a chocolate amargo y macadamias.
Había viajado tanto, que no se quedaría especulando, un salto dio al cielo y se precipitó como gato viejo; cayó con sus piernas bien puestas frente a la flor bella, la olfateó con delicadeza mientras la llovizna sentía sospecha.
Huelen...
A la libertad jamás asediada,
a sol desperezando la montaña,
a un amor olvidado por el alma.
Así es como el lobo con suéter de león de una flor amarilla se enamoró, a su lado se durmió y por siempre la cuidó.
Créditos texto, fotografía: Margarita palomino y un lobo oscurito.