Quería ser libre, pero la pared me detenía, ella me daba abrigo y compañía.
Era fría, algunas veces helada, por eso yo roja la pintaba, así parecería un rayo de sol, regalando calor.
Nunca decía nada, sus grietas me estrujaban, con el pasar de los años, se fue despedazando sin lástima.
¿Qué haré si la pared cae?
¿Dónde iré cuando ya no esté?
Se siente miedo en el ambiente, la seguridad poco a poco muere; ladrillos sólidos protectores, ahora son migajas sin soporte.
El agua busca cómo brotar de la montaña, el aire se camufla entre las hojas compactas, las tortugas marinas regresan a anidar a su playa, imposible que yo no pueda sobrevivir a esta plaga.
No existen las derrotas, puedes levantarte sin zozobra, recorrer la vida, visitar bonitas palomas.
La montaña me custodia, ya no tengo miedo ahora, el muro era una atadura, que me asfixiaba sin mesura.
Que bien se siente, ¿verdad perro enano?
Que bien se siente tener sueños, ya no estamos amarrados.
Fin
Créditos texto y fotografías: Margarita Palomino