Desde hace un tiempo, Don zarigüeyo venía presentando una molestia en sus patas, por eso ayer el macaco que sabe de todo un poco lo examinó, pero el pronóstico no fue el mejor.
Entre en pánico, no sabía qué hacer, ponerlo en la basura no era una opción, mucho menos sacarlo del elenco de cuentos e historias stemitas. Así que intente comunicarme con dos ortopedistas muy conocidos por estos lados, el Dr. y el Dr.
, sin fortuna, estaban tomando café con pan en la cafetería y no podían pasar al teléfono. Debía actuar, me prepare con todo lo necesario.
Por supuesto, con la colaboración del sabelotodo Macaco, y Waldo Aurelio.
Aunque debo admitir, que cuando vi esto, no supe si reír o llorar. Solo dije «quién me mandó a pedirle colaboración a este par de animales de cuentos».
Luego de todo mi drama, descubrí que con aquellos guantes no podía coser, así que dejando tanto show abandone estos instrumentos indispensables en la medicina tradicional.
Y di nuevas directrices a Waldo Aurelio y Macaco, debíamos salvar a Don zarigüeyo, no existen muchas narices rosadas queridas en el mundo.
Dimos inicio a esta inesperada cirugía, donde trataríamos de recuperar las patas del marsupial, garantizando su movilidad.
Poco a poco lo fuimos armando, con retazos de tela, hilo gris y rosa, alambre y algodón sintético para su relleno.
Terminamos, de nuevo podía mover sus patas, él estaba feliz.
Tan tan tan feliz, que abrazó a sus dos fieles amigos, quienes ayudaron en este proceso ortopédico de alta calidad, y sin necesidad de terapias ni molesto retiro de puntos.
Yo Margarita, también estaba feliz, ese pequeño nariz rosado tiene un significado muy especial para mí, no podía dejarlo con sus patitas rotas. De paso les cosí unas camisas verdes.
Si usted se cae y se rompe la pierna, no intente hacer esto en casa. Más bien diríjase al hospital más cercano y lloré, porque si está en Colombia lo tendrán esperando con dolor por varias horas, por no considerarse una emergencia que comprometa la vida.