― Déjate desas sandeces ―dijo don Quijote― , y vamos con pie derecho a entrar en nuestro lugar, donde daremos vado a nuestras imaginaciones, y la traza que en la pastoral vida pensamos ejercitar.
Con esto, bajaron de la cuesta y se fueron a su pueblo."
Fragmento de la obra "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha".
Capítulo LXXII. De cómo don Quijote y Sancho llegaron a su aldea. Leer aquí
―Sancho, yo no quiero llegar a casa, tengo tantas historias por narrar y traigo seca la garganta; preferiría descansar un rato ―suspiró agotado.
―Don Quijote, no preocupéis, tengo en mi bota escondida agua de anís, le compartiré un poco para que refresque la garganta y logremos acercarnos a casa.
―Pero, que ocurrencia la tuya Sancho Panza, podéis imaginar el sabor maluco que debe tener esa agua que has guardado en el zapato, debe estar fermentada por las altas temperaturas y el mal olor de tus pies ―su cara de ofensa no se hizo esperar.
Sancho Panza agacho la cabeza, con la nobleza de un buen escudero; segundos después sus ojos se agrandan y con sorpresa mira a su caballero diciendo:
― ¡Ya sé!, ya sé a dónde iremos Señor.
Don Quijote lo mira incrédulo y pregunta:
― ¿Qué se os ha ocurrido Sancho Panza?
―Don Quijote, es tiempo de recreo, iremos al parque a jugar en el resbaladero.
Don quijote se queda analizando la situación, lleva la mirada hacia el suelo, luego hacia el cielo, de nuevo hacia el suelo y responde:
―Que pensamientos tan locos retumban en esa cabeza, pero me da gozo la idea. Vamos Rocinante, un parque nos espera antes de regresar al hogar ―toma el escudo, la lanza y salen para allá.
Todos llevamos alegrías infantiles en nuestra alma, el caballero y su ayudante querían relajarse, volver a sentir la brisa en el columpio, la adrenalina de colgarse patas arriba en una barra, rodar hacia un vacío seguro.
Don Quijote en el sube y baja, con su escuálido cuerpo jamás logró movimiento alguno.
Colgado en una barra de juegos, por lo menos Sancho Panza se encontraba cerca, porque habría podido caer.
En el columpio había espacio para todos, incluso para Rocinante.
El preferido de Sancho Panza, el resbaladero. Con razón su esposa Teresa dijo que llegó despeado; aquí perdió sus zapatos y tuvo que regresar descalzo.
Subiendo los escalones del resbaladero Don Quijote sufrió un mareo, al parecer las alturas no le gustan.
Fin
Esta historia es producto de la imaginación de quien escribe, Don Quijote jamás visitó un parque de juegos.
Si quiere saber más de esta obra lea el libro: "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha". Libro
Créditos texto y fotografía:
Margarita Palomino