Me levante temprano, debía estar pronto en el trabajo, saque a pasear a Waldo, mastique cruch-cruch, crunch-cruch era cereal remojado. La comida de Waldo debía moler, el ya no puede morder, le sacaron sus muelas por tener caries e infecciones en ellas.
Salí de casa, muy bien peinada, con un traje elegante, para en el trabajo presentarme. Cuando llegué a la dependencia me miraron con sorpresa, yo pensé que admiraban mis zapatos Tic-Tac, tic-tac que estaban recién brillados y tintineaban armonizados.
Sonaron los toc, toc, toc hasta que el medio día llegó.
Pasé frente al espejo, para ver que el traje se viera bello, susto me llevé al verme cubierta de pelos cafés. Tomé un bus, tras un rato me bajé y con tic-tac, tic-tac, tic-tac a casa llegué.
―Waldo Aurelio, mira como me dejaste el atuendo, eres un chico grosero que no piensa en el bien ajeno.
Con sus ojos oscuros me miraba, no entendía porque lo regañaba, don Zarigüeyo se acercó y me dijo con precaución:
―Los vientos están exagerados, el cielo permanece nublado, Waldo quería darte sus pelos, para que no sintieras frio extremo. Jamás actuó con mala intención, solo con sincero amor, no lo regañes más, que se pondrá a llorar.
Y colorín colorado, este cuento ha terminado, aprendió que se debe escuchar antes de falsos testimonios levantar; ella reconoció su error y una torta de zanahoria para perros le preparó.