Esta es la gigantesca nube blanca,
si me lanzó podría herir mi pata;
me mimarán más que a Isa la dalmata,
me traerán la comida a la banca.
El agua refleja a la peliblanca,
ella piensa como lanzar la gata,
sus maullidos son fea serenata,
la perra quiere darle una zamanca.
Un can negro custodia el árbol largo,
vigila que ninguno orine al lado
porque dará un horrible fruto amargo.
Este soneto parece alocado,
los hechos fueron en tiempo letargo,
cuando entendía el idioma ladrado.
Con los años olvidé este complejo idioma, por eso ahora no comprendo sus historias, extraño tiempos aquellos, cuando hablábamos del color del suelo y de sus mayores deseos.
Ahora se hablar gatuno miau, miau, miau; y un poco de zarigüeyuno grrrr grrrr.
Créditos texto y fotografías: Margarita Palomino