Tequila es mi sobrina canina, una chica de dorados cabellos y muy buen genio, todo lo contrario a Waldo que es muy malgeniado. Llevo varios meses paseando a esta hermosa chica, a veces sale con sueter rosado y la gente la abraza, yo debería cobrar por cada abrazo, pero soy cordial y dejo que se lleven sus trajes llenos de pelos, babas y pulgas, sí señores usted escuchó bien, pulgas negras y con ganas de sangre humana.
Sin embargo, un día cualquiera, donde el cielo estaba azul, gris, fucsia o el color que usted escoja, Tequila se lanzó sobre un señor que comía perro caliente. Jamás la creí capaz de semejante cosa, obviamente me sentí avergonzada y con ganas de darle unas 250 nalgadas por tan mal comportamiento. Desde aquel día, cada vez que veo a alguien comiendo, me paso a la acera del frente para evitar inconvenientes.
Superado este percance, seguimos nuestros paseos diarios. Waldo suele recoger toda la basura, hasta los chicles masticados y duros que están pegados en el pavimento, mi buen viejito es hambriento. Tequila era más juiciosa, bueno eso pensaba yo, pero hoy me sorprendió porque recogió una horrible servilleta llena de... No sé ni siquiera de que estaba llena.
Mis malos ojos no se hicieron esperar, fruncí la frente, puse los cachetes hinchados, me sonrojé exageradamente, el cabello se me esponjo más de lo habitual (hago esta aclaración, porque varios insinúan que ando despeinada). Para rematar la terrible escena, un pájaro de pico naranja se burló de mi situación.
Tras este terrible acontecimiento, Tequila dejó la servilleta en el piso y me miró diciendo ―tranquila , solo la recogí para limpiarme las babas.
Dejé mi mal genio, mi cara cambio de color, el ave burlona se marchó y yo seguí el paseo de hoy, sin embargo mi cabello continuó despeinado sin remedio.
Créditos texto y fotografía:
Logo creado por , muchas gracias, esta grandioso y de mi color favorito.
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