Los pastusos no querían independencia, rendían tributo a la España buena, lucharon por mantener el imperio, pero los atacaron con desespero.
1822 Pasto de sangre se pintó, un tal Simón Bolívar libertador, destruyó todo sin compasión. Era Navidad y todo el mundo quería celebrar, pero a José de Sucre se le ordenó, que devastara la ciudad sin amor, entonces él su ejército armó y salió a cumplir su misión.
Las personas creen en Dios por eso buscan su protección, se resguardaron en la iglesia de Santiago, un apóstol de nombre magno. Cerraron puertas y ventanas, mientras el ejército llegaba a destruir la ciudad amada.
El volcán Galeras de niebla se cubrió, para no ver lo que ocurría en su mansión, el fin estaba cerca sin que hubiera alguna defensa.
Fueron tres días de zozobra, los hombres desaparecieron de la zona, se refugiaron en la montaña, mientras a las mujeres violaban.
Por una pendiente se precipitó un rojo ardiente, era la sangre de inocentes que murieron llenos de sollozos impotentes.
Muerte y destrucción, robaron todo a su alrededor, quemaron los archivos, pretendiendo que quedáramos en el olvido. Esa navidad acabaron con la existencia y con toda la tradición que albergaba en ella.
Muchos historiadores siguen buscando la verdad, para que las almas puedan descansar en paz, es la novela siniestra de un pueblo, que se mantuvo con aliento hasta que lo masacraron los violentos.
1822 un año para la recordación, 500 muertos en las calles, fueron sepultados por quienes lograron salvaguardarse.
Los datos aquí presentados fueron tomados de la sangrienta navidad, un hecho que los pastusos conocemos gracias a que los historiadores han trabajado arduamente para esclarecer los acontecimientos y recobrar la cultura sepultada en 1822.