Esta mañana me levanté, y me dije a mi misma "toma el trapero y deja el piso limpio".
Y mientras tarareaba un vals venezolano que interpreto para un concurso, deje la casa brillante, parecía una estrella del firmamento. Esta bien, no era como una estrella, pero se veía un poquitito más reluciente.
Siempre, tras un arduo trabajo, en Colombia tomamos una buena taza de café, y en Nariño hay mucho producto artesanal de calidad en cuanto a su cuerpo acidez, balance, textura.
De repente, veo caminar a Waldo Aurelio, mi querido perro; el tiene un contoneo muy especial, porque es un animal de patas muy cortas y cuerpo largo, entonces se mueve de un lado para otro con gracia.
Entró al patio, seguramente quería ver a los cacahusos (mata de cacahuate ), escuchaba sus patitas en el piso
pim, pim, pim
Y nuevamente regresó al interior de la casa, dirigiéndose a descansar en su cama con almohada. Como es un perro viejo, duerme, come, duerme, come, toma el sol, y sigue durmiendo.
Yo solo pensaba: "que lindo mi perrito"
Me levanté de la mesa para lavar la taza de café, y me lleve una sorpresa...
Si, Waldo Aurelio había decidido que el patio era un lienzo en blanco para plasmar su pata-arte.
Waldo Aurelio, mira como dejaste el patio que tanto demore en limpiar, esto no es justo.
Fueron mis palabras, él solo me miro, con su cara de "se ve lindo", y a mi parecer su rostro muestra una pequeña sonrisa y satisfacción por el trabajo realizado. Juzguen ustedes.
Créditos texto , dibujo y fotografías: Margarita Palomino