Se cayó una nube rosa
del cielo se vino sola,
brillaba como farola,
se rasgaba despaciosa.
Una gata fabulosa
de grandes ojos violeta,
con negra nariz discreta,
érase la nube envuelta
y como felina esbelta,
entusiasmó a la poeta.
Ninguna nube fue maltratada, por si no lo notó, eran algodones de azucar.
Créditos texto y video: Margarita Palomino.