Existen bolas blancas,
que pueden convertirse
en peludas almas,
de aquellas que acompañan
con brillo en la mirada.
Sugoy era un dulce perro,
blanco como las nubes del cielo,
no le gustaban los caninos labradores,
pero si comer concentrado por montones.
Un día la anemia lo atacó,
no asimiló la transfusión,
mi amiga Adriana triste quedó
porque él al cielo se marchó.
Los peludos que se marchan,
dejan un vacío en quienes los cuidaban,
por eso represente a Sugoy en ángeles,
que mi amiga llevará a todas partes.
Así despedí a este amigo canino, nuestros encuentros eran constantes, a veces le lanzaba la pelota y la semana pasada me arranco una galleta de la mano, mis galletas siempre serán tuyas canino blanco.
Créditos
Margarita Palomino
Figuras realizadas en porcelana fría, pintadas con vinilos de colores.
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional
Esta fue mi serenata a Waldo, pero a él no le agradó.