Nunca pude decir que estaba acompañada, ni mucho menos comprendida. Esta desfachatez del mundo de ahogar con sus convencionalismos a las personas. Las atrae, las dobla, las arrodilla para hacerles aceptar su voluntad. sentir la indignación del paso de los años transcurridos sin un dejo de comprensión por parte de nadie. Es una simple paradoja del olvido, no existo.
No hay lágrimas suficientes para ahogar mi pena, no hay solución permanente a mis problemas, no hay camino que me guie. Sólo hay sombras que entre tropiezos me hacen caer una y otra vez. El silencio me atrapa, el dolor me lacera, el espacio latente entre mi y otros seres se profundiza. Ay! del destino que se revigoriza con mis penas y me hace transitar dolorosos parajes. Ya qué más da...