Música en el alma
Una vez escuché: “tengo música en el alma”,
a una joven y preciosa cantaora de flamenco llamada Laura.
Para ella escribo este poema, sin ella saberlo.
Cuando lo lea, no podrá creerlo.
Música en el alma siento dentro de mi,
nace así la inspiración de esta humilde cantaora
que con su voz entregada
hace repicar los tacones de una gran bailaora.
Recorro los tablaos con mis ilusiones,
dejando escapar mis lamentos, mis quejas, mi alegría…
Canto para ella, mi bailaora y amiga,
que dibuja con su baile una perfecta bulería.
Entre bastidores nos preparamos,
compartimos más que un pequeño escenario.
Los nervios de salir a escena
los guardamos en un rinconcito del vestuario.
Suena la entrada…
La imponente guitarra me reclama.
Los bailaores se sitúan y les cambia la cara,
siguiendo fielmente el programa.
La actuación ha comenzado,
mi voz resuena en el teatro.
Enfrente los bailaores taconeando
y en mis pensamientos, los cantaores que idolatro.
La calma llega con el aplauso.
Mi bailaora saluda, cogida de la mano.
Mi mensaje ha llegado…
Se ha comprendido mi sentimiento más humano.
... A mi preciosa hermana.
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