Para mí es agradable pasearme con mi hermana en ese tema. La Infancia es sinónimo de niñez sana, y a pesar que ya tenemos unos añitos encima está fresquito en nuestra memoria todos esos recuerdos.
El olor a lluvia, el olor a tierra mojada. Jugar con arena e improvisar tortas de chocolate con un lodo recién sacado del piso era toda una aventura. Los años noventa y piquito fueron los mejores años de nuestras vidas. No estábamos en ésta era digital que nos consume. Hoy en día hasta para ahorrarnos de pasar tres horas en el banco, pues casi todo hay que solucionarlo con el internet.
Antes eran otros tiempos: cuentos de miedos, palito mantequillero, las escondiditas contrapulsero y pare usted de contar los miles de juegos que nos divertían.
Mi mamá cuando quería que nos metiéramos a bañar solo gritaba: “Mergie y Maryelys vengan a bañarse” y así sabíamos que debíamos correr a su llamado.
Cualquier gatico, perrito, o animalito que cayera en nuestras manos ya sabíamos que debíamos rescatarlos. Eso implicaba alimentarlo, pues según nosotros y los cinco vecinitos de la cuadra ya éramos veterinarios.
No había nada que nos preocupara. Sí ya sé, eran otros tiempos. Mis tiempos…
Hoy en día ya no ves en las calles a niños felices, sino estresados. Comparten más tiempos con aparatos tecnológicos que con sus padres.Pero cuando tienes a un hijo te duelen todos los niños del mundo, me refiero a los niños de mi país, niños que no disfrutan su niñez, pues aunque tiene cuerpitos frágiles a muchos de ellos les toca ser adultos. Trabajan y dejan sus estudios, pues la crisis ha tocado a todas las puertas.
Niños, padres, madres, abuelos que revisan la basura para ver si logran encontrar algo que llevarse a la boca.