Dedicatoria
A ti, por seguir mis pasos con firmeza y amor, a todos los que le gusten las historias de situaciones difíciles.
Abril, 2014
A veces las buenas historias no siempre empiezan de la manera más romántica, pues como saben la vida está llena de bajo y altos; se puede decir que en ese momento estábamos en una transición de vidas distintas.
Todo empezó esa noche en la cual llego con esa incógnita en la mirada, era todo un misterio el cual aún no ha sido descubierto, las rutas de la vida nos ponen caminos distintos y en ese momento somos dos peces en diferentes lugares.
Así comienza este historia llena de dudas, sin ir más allá, solo al estrechar las manos me di cuenta de que hay sentimiento que fluyen sin más, ese magnetismo al que se puede llamar química o simplemente hay polos opuestos, efectivamente eso somos, polos opuestos.
Se pueden conocer muchas personas en un día, pero sabía que ese día sería especial, pues dedique mucho tiempo para verme bonita por así decirlo, recuerdo esa noche de junio; decidí ponerme un vestido corto azul oscuro, que marcaban mis piernas muy bien e iba a la par de mi ejercitado cuerpo, pensé que sería bien arreglarme un poco más, porque saldría con un chico el cual conocía hace pocas semanas.
Me paso recogiendo en casa, supuse que era mi mejor armar de belleza, no tenía ningún sentimiento, solo era distracción de esa soledad que me inundaban; para qué negarlo, me sentía sola. Decidí que eso era mejor a quedar en casa leyendo novelas y tomando café hasta las tantas horas de la noche, definitivamente esa era mi noche.
Qué gran suerte al no quedarme encerrada, como toda vida nocturna se colma de fiestas que seguía siendo mi vía de escape. Allí en esa gran plaza estaba un grupo de amigos con ese chico que me recogió en casa. Al bajarme sentí la brisa fría y me arrepentí de no abrigarme más; recuerdo que una moto de estilo chopper paró detrás de nosotros sin duda pensé "otro amigo más de este chico".
Al ver al hombre, quien bajó de aquella muy bien restaurada moto, automáticamente mis ojos se dirigieron a ese porte irlandés y latinoamericano que desprendía de sus poros, al mirarlo se me alegro la vista, para qué negarlo si era muy hermoso, en ese momento pensé que hubiera preferido andar con el,. Si suena un poco vulgar decirlo así, pero que puedo hacer, cuando me fije en esos ojos azules claros, mis sentidos se pusieron en alerta, parecía el mismo cielo pero en una noche fría.
— Qué raro encontrarlos aquí— dijo viendo al grupo con sarcasmo.
— Dichoso tú que te apareces. — respondió Aidan, al parecer llevan mucho conociéndose.
— Muy bien, no empieces con quien sale más a fiestas porque me largo. — miro por encimas de sus lentes.
— A decir verdad, aun no iba a reclamarte por dejarme tirado el fin de semana pasado, por irte vencido en los brazos de quien se te cruza, querido amigo. — respondió Aidan.
Aidan es el chico, con el que decidí pasar mi soledad por esa noche, no a nivel e sexo, solo por compartir, aunque en la mirada de él se podría ver la malicia que despiertan unas piernas descubiertas y algo de maquillaje. No es el típico chico que espera a que una mujer de alguna señal, solo se lanza a cual presa en la noche. No hay nada de hermoso, solo es otro típico hombre de hoy en día, algo común se podría decir.
— No me importa lo que creas, total somos caimanes del mismo pozo— aseveró con rotundidad.
— Si tú lo dices. — ríe a carcajada.
Al tener esa conversación de reproche solo pude fijarme en ese hombre misterioso, que aunque se nota que haya pasado por gimnasio por los brazos formados y la forma bien colocada de la espalda, toda envidia hecha hombre, seguro que para mujeres y hombres puede causar esa sensación.
— Mucho gusto, Sebastián— aseveró con rotundidad y estrechando su mano a mi.
Como toda ida y lenta, me tarde más del tiempo estimado en decirle a mi cuerpo que reaccionara.
— Ho… hola, igualmente, Siriana. — murmuré.
Así pasó la noche entre trago, música y disfrute, baile con Aidan y sus amigos, pero cuando Sebastián hacia amago como para bailar, me escabullía como una cobarde. Así vimos salir el sol, ya quedaban pocos, la mayoría se habían ido como un gotero, cada uno más embriagado que el otro.
Hasta que por fin logré que Aidan me llevara a casa. Me pasé toda la noche y parte del día, luchando para que sus manos no salieran de su lugar; que molesto puede ser un hombre cuando una mujer no quiere, ni siquiera por conveniencia estar con él, pero no es mal chico, solo que simplemente no tenía ganas de tener sexo con él, ni insinuarme como una cualquiera, pues no soy santa, pero sí sé que quiero comer, como buena loba.
Al llegar a la puerta de mi casa, mis ojos se abrieron inmensamente al ver lo que me estaba esperando en la puerta, no les sabría explicar el sentimiento que tuve al ver aquello, mi cuerpo se enfrió, el mareo aumentó, mis ojos se aguaron, con solo ver la imagen que estaba ante mí, un sentimiento de alerta me inundo. No podía creer lo que veían mis ojos, nunca lo podre superar…
Continuara...