¿Cómo es posible que si enterramos en la tierra una cápsula con todos los elementos químicos de los que está compuesta una semilla de trigo en su exacta proporción no nazca una espiga? No lo sé. Pero no nace la espiga. Y la cápsula es reproducción exacta del grano. Luego la Vida tiene que ser algo más que no sólo lo químico.
La biología ortodoxa aún sostiene lo siguiente: ''La vida es un azar, un hecho sin razón de ser en un universo regido por el caos''.
Sin embargo, a medida que los biólogos profundizan en sus descubrimientos acerca de la tremenda complejidad de la vida, resulta evidente que las posibilidades de un origen casual deben descartarse por completo.
La formación de una simple proteína con sus compuestos de aminoácidos es una posibilidad que se daría por azar entre cinco mil millones de posibilidades y el ser humano, por ejemplo, tiene 200.000 proteínas distintas. Así que apoyar la teoría de la casualidad supone ignorar lo que nos dicen las matemáticas o el cálculo de probabilidades.
Aunque no podamos explicar qué motivó la aparición de la vida, sabemos casi con total seguridad que existe una pauta que guía ese hecho.
El comportamiento de las aves que vuelan en grupos se muestra igualmente incomprensible. Todas efectúan el mismo movimiento al mismo tiempo, sin seguir a un líder que marque la pauta. Todas al mismo tiempo. Es evidente que alguna pauta común conduce el ángulo de giro y la velocidad, no puede ser ''casualidad''.
¿Cuál es esa pauta? No se sabe. No se puede probar, demostrar, etcétera. Pero existe, de eso no hay duda.