Para conocer un poco mejor estos tres poderes, nada mejor que tener una imagen global sintética, esquemática, para poder ver todo el cuadro.
Los titulares del día a día, las informaciones periodísticas, los debates en radio y televisión, etcétera, normalmente nos sumen en sus vericuetos, entresijos, pero pocas veces tenemos presente el cuadro completo, de un vistazo, a vista de pájaro.
Son poderes que hay que conocer por separado para comprender mejor las implicaciones que tienen en nuestra vida diaria las constantes conexiones entre los tres.
Poder político
Básicamente, su función es hacer leyes y aplicar leyes. Lo primero es la tarea fundamental del poder legislativo, la segunda del poder ejecutivo.
De la primera se encargan los diputados que proponen, discuten y aprueban las leyes, y de la segunda el gobernante, que preside el poder ejecutivo y por tanto es el encargado de “ejecutar” las leyes. Para ello tiene a su cargo a todo el aparato que conocemos como “administración”, que es, con mucha diferencia, el más importante del estado tanto en número de personas como en asignación presupuestaria.
La labor más importante del poder legislativo es la elaboración y aprobación de la ley de presupuestos en la que se decide en qué se va a gastar el dinero que pagamos los ciudadanos mediante los impuestos.
La administración de ese dinero —los presupuestos— es tarea del poder ejecutivo, que además, controla y gestiona la recaudación.
Poder financiero
Este poder es especialmente complejo de comprender aunque básicamente hay que tener presente que se juega en dos campos, el de los bancos centrales por un lado, que fijan la emisión de dinero —creación de la moneda— y el precio del dinero a través del tipo de interés; y por otro en el campo de los bancos privados, que emiten deuda mediante la concesión de créditos gracias a nuestros depósitos bancarios, y además controlan los medios de pago mediante las transferencias bancarias, tarjetas de crédito, cheques, pagarés...
Lo más importante es tener clara la idea de que el poder financiero se construye básicamente a través de “la complicidad” entre los bancos centrales y los bancos privados más importantes. Su retroalimentación es constante y muy provechosa para ambos.
Poder mediático
Control de la opinión publicada, radio, prensa, televisión e internet. Éste es quizá el más presente y a través del cual se nos “informa” de los otros dos. Tanto los políticos como los banqueros tienen un poder colosal sobre la opinión publicada. Controlan tanto los órganos de gobierno de los medios de comunicación estatales como los consejos de administración de los medios de comunicación privados.
Una de las consecuencias del desprestigio que en la actualidad tienen estos tres poderes es precisamente la aparición —gracias a internet— de medios de comunicación alternativos, descentralizados y que escapan al control político y financiero.
Esta comunidad emergente, Steemit, una red social descentralizada y basada en una cryptomoneda, sirve como ejemplo —entre otros muchos que están floreciendo como setas— de una vía de escape al entramado que hasta ahora han tejido los poderosos a través de esos tres ámbitos de actuación.
Esta vía de escape —o vía alternativa— todavía es pequeña, pero crece a un ritmo constante, imparable, irreversible. Todavía gatea, pero en algún momento, no muy alejado en el tiempo, se pondrá en pie, al principio vacilante, pero luego firme.
Los tres poderes. Político, Financiero y Mediático. Conociéndolos un poco mejor y siendo conscientes de las conexiones entre los tres, es posible ver con mayor claridad los abusos y excesos de los poderosos, y por tanto, las posibilidades que tenemos tanto de reducir su poder como de aumentar el nuestro, que viene a ser lo mismo.