Una pareja no son dos. Son tres. El hombre, la mujer, y la unión de ambos.
Tienen que estar los tres atendidos. Si cualquiera de ellos no está bien atendido, tanto la unión de la pareja como cada uno de los dos individuos, estarán debilitándose. El resultado es el dolor, la soledad y, eventualmente, la ruptura.
Por el contrario, si la unión les fortalece a cada uno de ellos, individualmente, eso les permite seguir fortaleciendo la unión.
En definitiva, los dos integrantes de la pareja se nutren de la unión si la unión se nutre de ambos.
El triángulo virtuoso permite que los tres se beneficien.