Siempre me han gustado los retos, las dificultades y las crisis en cierta medida, porque estas te obligan a ir una milla más, ponen tu mente a trabajar, ponen tus neuronas en acción y te conlleva a desarrollar ciertas habilidades para adaptarte y mutar de acuerdo a las circunstancias, pero lo más importante, sabiendo tener los pies en la tierra y tu conexión con el cielo para que no pierdas tu esencia.
Somos seres tan fascinantes e inteligentes que a veces olvidamos lo capaces que somos. Cuando Dios hizo el Edén y puso al primer hombre en él, le dio potestad y autoridad para gobernar la tierra y organizar todo. Dios creó y el hombre se encargó de administrar dichos recursos, le dio nombres a cada especie animal, fue toda una gran labor de ingeniería, creatividad, administración y gerencia. Vaya emprendimiento el de Adán. El creador no nos hizo para estar sin hacer nada, para que estemos desperdiciando nuestros talentos o abismados en lo negativo de las situaciones. Al contrario, te hizo un ser humano excepcional, hermoso, lleno de muchas cualidades y defectos, ¿defectos? ¡Por supuesto que sí!, pero de allí radica lo diverso. Y es que el Padre trabaja así, con personas imperfectas para luego Él perfeccionarlas.
Y es así como nacen los nuevos emprendimientos, los nuevos proyectos, las nuevas ideas. Creo firmemente que más allá de toda la podredumbre y falta de valores que se siente en el ambiente de mi amada Venezuela, se está gestando una generación que acepta retos, que se levanta cara al viento y da un paso a la vez con mucha certeza y convicción. Se está gestando una nueva generación emprendedora e inteligente que trabajará por llevar a Venezuela de la mano con Dios a otro nivel. ¡Claro que sí!, y yo quiero ser parte de ella. ¿Y tú?
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