Ser mamá implica un continuo aprendizaje. Tengo dos hijos y si bien lucen muy parecidos, tanto que al comparar las fotos del mayor con las del menor son idénticas, debo decir que son de personalidad totalmente diferentes. Es algo que nos ocurre a todas, hacer comparaciones, y esperar que las situaciones y vivencias sean similares. Hoy aprendí algo nuevo: mi bebé se comunica con gritos.
Durante varios días me había sentido alarmada, pues pensé que algo le pasaba a mi bebe. Sin ninguna razón aparente comenzaba a gritar y yo corría a revisarlo, pensando que se había golpeado o que tenía alguna molestia. Estaba en la cocina o en el cuarto o en algún lugar en la calle y actuaba igual, gritaba de repente. Fue estresante, pero siempre trate de mantener la calma y tratar de auxiliarlo.
Mi esposo me decía que yo exageraba, pero solo las mamás sabemos la angustia que genera oírlos y no saber cómo ayudarles. Ya entre curiosidad y nervios decidí observarlo cuando comenzara a gritar, y no ir en su ayuda sino esperar a ver su reacción, y descubrí algo que me causo mucha gracia y felicidad: ¡le grita a todo! Si, se para en el corral y comienza a gritarle a sus juguetes, luego a su papá, luego mira al techo y le grita, me ve pasar y me grita. Esta es su forma de comunicación, es un maravilloso descubrimiento para mí, ¡ya sé lo que le pasa!
Esta es la manera con la que logra expresarse, su dinámica de comunicación. Es por esto que es tan importante observar el comportamiento de nuestro bebe, para hacer una caracterización de su conducta y luego hacer un diagnóstico correcto. La paciencia juega un rol fundamental en todos los casos. Mi primer hijo ni siquiera lloraba cuando quería comer, yo debía tomar el tiempo entre comidas y calcular las horas en las que lo alimentaba.
Ahora ya me comunico con él imitando sus sonidos (no tan fuertes como los suyos) y agregando los míos para relacionarnos: él me responde y me regala una gran sonrisa.
Fuente de textos e imágenes de mi autoría.