Recuerdo aquella mañana, aquel mal olor en mi cuerpo, mi pequeño estomago añorando tan solo una taza de comida, mis labios secos como un desierto aspiraban beber un sorbo de agua y aquellas moscas fastidiosas.
En mi pecho dentro de mi corazón a pesar , de no ser tan inteligente, no perdía la esperanza de ver a mi amigo, a pesar de todo lo que me rodeaba entre mis 4 paredes y una casa desprendiéndose en el olvido, miraba mis huellas en el árido suelo y recordaba aquellos momentos junto a mi amigo. Él era más pequeño y yo aún mas pequeño que él, mientras jugaba con sus carros de juguetes yo miraba su rostro y detenía esa fracción del tiempo para guardarla entre los recuerdos mas maravillosos de mi vida.
Esa mañana fue diferente a todas, sentía frió en mi piel, a pesar de cubrirme un abrigo natural de color marrón con negro ya desgastado y con fétido olor.
La mañana se hacía eterna y mi respiración cada vez mas lenta pero quería verlo, quería mirar a mi amigo antes de cerrar mis ojos cada vez mas pesados por las lágrimas que de mi brotaban. Sentía presión en mi estómago y una soga en el cuello, pero al fondo de mi pequeño mundo entre 4 paredes escuchaba una voz que me decía – “debes comer algo perrito” – pero no quería, yo solo quería ver a mi amigo aunque su deslealtad fuese el principal motivo de mi mala salud, me aferraba a la esperanza de verlo y alguien cumplió mi deseo…
Primero hoy la voz de alguien que decía –“debes bañarlo, huele muy mal, se ve mal hijo” - luego hoy su voz, ¡si! ¡Era su voz! ¿Cómo olvidar su voz? Mi corazón se aceleró de alegría y mi cola no paraba de moverse, aunque mi mirada y mi aspecto reflejaran tristeza por dentro me sentía súper contento.
Me senté frente aquella puerta negra y de un momento a otro el se asomo entre las rendijas de aquella fría puerta de hierro ¡mi cola no paraba de moverse! Sentía que mi salud mejoraba, no lo podía creer mi dueño, mi amigo, acariciaba mi pelaje con ternura, lo perdone al instante no me importaba que me fuera olvidado.
Ël, me contaba cosas como antes lo hacía y me pedía perdón, pero no era necesario estaba entre sus brazos, lamía su cara mis 4 paredes ya no eran tan frías la soledad parecía desvanecer. Abrió la puerta y la luz volvió a aquel lugar, me sentía desmayado pero ¿qué importaba eso? Solo quería estar a su lado, él me ayudó a caminar un poco… sé que quería bañarme, intenté decirle que sentía mucho frió le suplicaba que parara pero de nuevo me decía que todo saldría bien que me iría con él a otro lugar, que dormiría en su cuarto, era como un sueño pero el frio entumecía mis patas, me senté en aquel charco de agua la soga en mi cuello me asfixiaba no podía respirar.
En su cara corrían unas lágrimas eso me puso muy triste le dije que había esperado con ansias el momento de volverlo a ver y de sentir su alegría al jugar conmigo, me dejé caer en el charco de agua y le dije por última vez que no llorara que me sentía feliz, que no se sintiera culpable por mi mal olor o por la piel caída entre mis huesos, volví a escuchar aquella voz pero esta vez me decía –“descansa”- mire a mi amigo y él me miró fijamente mientras apretaba mi pelaje… todo a mi alrededor se empezó a poner muy brillante pero el seguía triste y llorando, después de eso mi ultimo aliento se fue elevando cerré mis ojos y más nunca lo volví a ver.

Gracias por todo eterno amigo...