Sigilosamente bajó de su cama y deslizó sus pequeños pies desde las escaleras hasta el corredor que llevaba al pasillo. Todo estaba en quietud, la luna y el viento se colaban entre aquellas cortinas de tul que adornaban la mansión Collins, un tímido sollozo casi imperceptible venía por el pasillo, parecía salir de la cocina, o cerca de allí, cuando la pequeña Blue giró a hurtadillas la esquina y miró la entrada de la cocina se encontró con su madre sentada en el suelo y recostada a la pared cubriendo su boca con los ojos llenos de lágrimas, aquellos perfectos ojos azules se hallaban cubiertos de una tristeza palpable.
Mientras la abrazaba se dio cuenta que la luz de la cocina se hallaba encendida y pudo percibir sonidos, pasos, jadeos y gemidos bajos; regados por el piso se encontraban dos pares de zapatos, unos de hombre (los cuales ella no paraba de pensar que eran idénticos a los que su madre le había regalado su padre algunos meses atrás) y otros de mujer (que se veían lo suficientemente desgastados como para saber que su madre nunca los usaría)
Blue sólo se atrevió a menear la cabeza de un lado a otro, con miedo a romper aquel silencio espectral que se acumulaba alrededor de ellas. Movió sus pequeños pies hasta la ventana y vió una mujer de baja estatura y unas curvas bien marcadas, sin poder ver su rostro, vio una cabellera negra que caía por su espalda, aquella mujer subió a un auto y se marchó por la amplia y oscura carretera. La madre de Blue se acercó y cerró las persianas, tomó a blue de las manos y la guió hasta la cama, la subió, la acobijó y se acostó junto a ella.
– ¿Quién era ella mami? –susurró la niña. Aquel suave susurro habría sido inaudible para cualquier otro oído, pero para los entrenados oídos de una madre no lo eran; de hecho, esa noche, aquella dulce voz y su pregunta, penetraron el alma de la Sra. Collins.
Su madre quedó en silencio por unos minutos, petrificada, sin mover un dedo, parecía incluso no respirar, y en el preciso instante antes de que Blue cerrara sus ojos y durmiera, aquella mujer abrió lentamente los labios y dijo en un susurro casi imperceptible.
– Ella, Blue, es tu tía Kylie.
Y desde ese momento aquel silencio espectral volvió a reinar en la habitación de la pequeña Blue Marine Collins.
Acá puedes encontrar los enlaces de las imágenes utilizadas en esta publicación; algunas pueden estar sujetas a derechos de autor:
Gracias infinitas por el apoyo brindado a cada una de las personas que me ha convencido de publicar el capítulo 1 de esta novela que aún está en proceso de creación, Les amo.