Los malos recuerdos, uno a uno, del corazón se los sacó.
Un lenguaje y acción particular usó, extraño código,
que solo una mente como la de ella comprendió.
Lo que él no esperaba, es que etérea se le volvió,
y dijo a viva voz:
“Ven acá mujer de mi formación,
¿quién te dijo que al cielo subiré a darte amor?;
Ven aquí, a la tierra donde te conocí,
aun descampado para nosotros, libre de malos antojos te he de llevar.
Un punto exacto, donde te iré a ver; ese espacio que en el mapa nadie podrá hallar,
ese lugar donde nadie nos irá a molestar."
"Tierra sembrada
de la pasión con que te he de fertilizar,
comenzarás a cambiar,
te aseguro que brillarás,
también prosperarás,
en todo lo que hagas,
la mejor serás,
llena mi amada,
de nuestro amor inmortal.
El premio a tu esfuerzo,
en mis brazos obtendrás.
Baja ya de la nube,
porque te voy a amar.
Corona de mis besos lucirás y con orgullo
tu rostro alzarás.”
Todo, todo en esto le obedeció.
Él era su Pigmalión,
Ella,
solo de él y de nadie que la rodeó.