Una anécdota surrealista.
Comenzaba la década de los años 80 y en la Mayor de las Antillas toda una generación de jóvenes nos entregábamos a experimentar por primera vez el amor, a pensar que clase de mujeres y hombres queríamos ser, que queríamos estudiar y aportar a la tierra que nos vio nacer. Llevábamos por dentro la música y el baile y las sonrisas a flor de piel. Nos encantaba acostarnos muy entrada la noche bajo la luna y su cortejo de estrellas y despertar sobre la arena fina en una playa perdida para ver el amanecer. No necesitábamos mucho para vivir, solo andar con el corazón abarrotado de sueños. No temíamos que encontrar en el camino, teníamos todas las energías del mundo y en nuestra ingenua imaginación de la vida sentíamos ser eternos e invencibles. Pero los retos naturales de la vida se complicaban ante un gobierno y un aparato de estado dispuesto a robarnos nuestros mejores días. Para mantenerse en el poder de por vida necesitaban convertirnos en zombis esclavos de su sistema y crear cortinas de humo para desviarnos del camino e imponernos la dictadura del miedo y la guerra.
El 20 de enero de 1981 en plena Guerra Fría Ronald Reagan, el presidente número 40 de los Estados Unidos de América asumía su cargo, mientras que, a solo 90 millas en nombre del pueblo, el régimen aun imperante en Cuba fundaba las Milicias de Tropas Territoriales ante la llamada amenaza de la administración Reagan contra Cuba. A estas milicias pertenecía de forma obligantaria la mayoría de los cubanos y si crees que más que un error, cometí un horror ortográfico, es preciso que explique que esta palabra fue inventada por esa sabiduría innata que tienen los pueblos y que no es más que el resultado de la unión de las palabras obligatorio y voluntario para expresar aparente voluntariedad. Si bien inscribirse en las MTT era voluntario, de no hacerlo sin la debida justificación, como una enfermedad que te lo impidiera, por ejemplo, quedabas a la vista de todos como un contrarrevolucionario, y como Cuba no era para los cubanos, sino para los revolucionarios la consecuencia era el ostracismo. Un gobierno que te da absolutamente todo, también te lo puede quitar. En muchos lugares de la isla e incluso en algunos barrios comenzaron a construirse refugios subterráneos a donde deberían acudir los vecinos en caso de un ataque aéreo norteamericano. Mientras muchos cubanos carecian de una vivienda, el gobierno no escatimo en gastos para construir los refugios (hoy prácticamente abandonados).
Refugio
Comenzaron también los entrenamientos militares y los cubanos a perder mas de su tiempo libre para crear obras de amor y no de guerra.
En la cuadra donde vivía se realizaban con frecuencia maniobras militares y de evacuación, sonaba la alarma de ataque aéreo y la gente tenía que salir de sus casas rumbo al refugio. La constante y supuesta amenaza del enemigo exterior mantenía a la gente en interminable zafarrancho de guerra y sin tiempo para concentrarse a resolver los verdaderos problemas que los agobiaban.
Recuerdo que un día sonó la alarma definitiva, los vecinos dejaban sus quehaceres y se dirigían al refugio. Allí estuvimos por unos minutos hasta que llegó un militar y ordenó a todos los que pertenecíamos a las milicias a regresar a nuestras casas, ponernos el uniforme y reencontrarnos en la calle a una hora determinada para ser transportados a una zona de combate; la invasión norteamericana era inminente. Una vez todos listos (mujeres, hombres, jóvenes y viejos) fuimos trasladados a un pequeño bosque en Alamar, un pueblo habanero cerca del mar. Los militares al frente de la operación comenzaron a explicarnos que en la primera fila de defensa se encontraba el ejercito regular y luego en la segunda línea de resistencia estábamos nosotros. Nos dijeron que el enemigo seguramente desembarcaría, tomaría el país y luego la milicia comenzaría la guerra de guerrillas. Comenzaron a entregarnos ametralladoras rusas AKM y nos miramos atónitos todos al ver que no tenían balas. Como zombis fuimos ocupando los puestos de combate que nos asignaban, seguíamos mirándonos los unos a los otros, porque sabíamos que no estábamos bien entrenados, que nadie tenía ni la más mínima idea de que hacer, y pensábamos que, si el enemigo rompía la primera fila de defensa, ya ganaban la guerra porque aun y cuando nos dieran balas nos íbamos a matar los unos a los otros por accidente o por miedo. Nadie podía creer lo que estaba sucediendo. Pasamos largas horas de incertidumbre, tirados en la tierra, escondidos tras los árboles, dejándonos acariciar por la brisa del cercano mar. Para matar el tiempo y el miedo hacíamos chistes sobre lo absurdo de la situación. De repente llegó un oficial del ejército, nos pidió que entregáramos las armas y nos dijo tranquilamente que regresábamos a casa. Así en un abrir y cerrar de ojos, sin explicación alguna acabó el ataque fantasma del imperialismo norteamericano. Nosotros salvamos nuestras vidas por un pelito, acabábamos de experimentar lo real maravilloso del gobierno de la dictadura del proletariado. Aquello fue una mas de las tantas burlas y al igual que la innata sabiduría del pueblo inventó la palabra obligantario para todo lo que aparentemente era voluntario bajo el Gobierno Revolucionario, la gente empezó a llamar Comediante en Jefe al Comandante en Jefe de la Revolución.
Esta anécdota es parte ya del pasado. Los que aun gobiernan la isla donde nací son presas de su propio odio y cuando les llegue el momento de pasar a otras dimensiones terminaran sus vida vestidos solamente con sus chaquetas del olvido.
Foto1. Fuente:
Foto 2. Fuent: