Ese día expongo de maravilla gracias a todos los conocimientos adquiridos en mi larga noche de estudio, por lo que salve a mi grupo de nuevo e hice que tuviéramos la mejor nota de la clase. Además para finalizar el ciclo expositor debía realizar una dinámica con todos los grupos del aula, pero por alguna extraña razón mis compañeros de grupo decidieron dejarme ya que consideraron que eso lo podía hacer yo sola, en fin, cualquier excusa fue buena para irse.
Cuando me di cuenta también se había ido el amigo que ofreció darme el aventón de regreso a mi casa y todos los que tenían carro, por lo que me tocó irme en un carro por puesto que aquí les llamamos “rapiditos”.
Cuando paré aquel vehículo de transporte público, se baja un individuo de la parte de adelante y me invita a montarme en ese lado, pues no me importó ya que solo me quería ir. Quedé entre el chofer y aquel ser humano tan raro para mis ojos, pues andaba vestido horrible como si fuera un indigente. Eso me levantó sospechas y comencé a mirar para atrás a ver quienes venían, y solo venían un muchacho muy bien vestido que para mi fue un alivio.
Pasamos un puente y el individuo a mi lado asienta con la cabeza, desde allí todo lo recuerdo en cámara lenta, el muchacho bien vestido sacó un arma y comienza a pegarle, gritar y amenazar al conductor y le dice las palabras mágicas “ESTO ES UN QUIETO”.
Yo no sabia que hacer pues sentía que estaba sobrando en aquella situación pues lo que gritaban era que querían robarse el carro y pedir rescate por el. Ni si quiera me podía tirar del carro porque estaba entre el chofer y el maleante y comencé a llorar, no podía dejar de pensar que eso me estaba pasando por culpa de mis “amigos” porque ninguno me quiso dar un aventón.
Entonces el líder entre los dos ladrones, que era el muchacho bien vestido, empieza a pedirme la cartera y tuve la genial idea de decirle que NO. Empezamos a forcejear por la cartera hasta que me golpeó con la pistola y eso me dejo ligeramente desmayada. Obviamente saco la Tablet de la cartera y me la entrego vacía.
Cuando reaccioné aun estábamos dando vueltas, habían pasado 2 horas según mi reloj y comencé a alterarme de nuevo y a dar gritos de desesperación pues veía que estábamos en el barrio más peligroso que tiene Cabudare. La gente hacía caso omiso de la película que estábamos viviendo en aquel automóvil. Solo gritaba para pedir auxilio y el ladrón de alado entonces me colocó su mano en la pierna y me la apretó muy fuerte, comenzó a subir cada vez más y más y quede fría. El terror invadió mi cuerpo cuando me dijo “si no te callas te violo aquí mismo”. Me quedé en silencio mientras mis lágrimas brotaban como ríos de mis ojos y veía como su mano estaba a centímetros de lo más íntimo de mi entrepierna.
En vista de que no paraban comencé a detallar el sitio, las casas, donde cruzaban, cuantas cuadras subían o bajaban. Como era el carro, en fin, todo. Pues me temía lo peor y solo me quedó rezar por mi vida.
El delincuente líder dio la orden al chofer de que se parara, entonces nos ordenó que nos bajáramos del vehículo y no miráramos hacia atrás o nos iban a disparar.
Solo escuche como arrancaron velozmente, y el sonido del carro cada vez se fue desvaneciendo. Allí estábamos el chofer y yo, golpeados y agredidos en medio de la nada. Caminamos un buen rato hasta que pasó un carro en aquellas calles desiertas y le pedimos auxilio, le explicamos la situación y nos ayudo a salir de allí.