Adriana decide llevar esa relación a escondidas de sus padres ya que sabía que no lo iban a aprobar de ninguna forma. Además Adriana comenzaba el primer año de medicina y ameritaba que le dedicara mucho tiempo a la universidad.
A ésta chica no le importó nada, y se fugaba para verse con su enamorado, sin notar que aquel fulano solo la quería para ella le entregara su virginidad y para lo que el le pudiera sacar entre sus manipulaciones.
Adriana creía todo lo que su amor le decía.
Sus amigas que frecuentaban muchas discotecas siempre lo veían borracho y con distintas mujeres dependiendo la noche, desde jóvenes hasta bien maduras y en casos extremos con hombres. Todos tenían en común lo mismo, que siempre eran los que pagaban la cuenta.
Las amigas decidieron contarle los sucesos a Adriana pero ésta reaccionó de muy mala manera y les quitó el habla a esas amigas y les dijo que sabía que ellas le decían eso por que estaban celosas de la relación tan maravillosa que tenia ella con su novio.
Ese rumor se fue corriendo más y más hasta llegar a los oídos de los padres de Adriana. Para terminar de acontecer el padre de Adriana vio con sus propios ojos una situación extraña entre un hombre y el fulano, que lo puso a pensar mucho y decidió advertirle a su hija y exigirle que terminara esa relación pero Adriana era terca como mula.
Su madre en total desespero decide amenazarla y ponerla a escoger entre su carrera de medicina o su novio. Pero aquella niña inocente decide irse con su novio abandonando así la carrera universitaria.
Aquel hombre decide recibirla en su casa pero con la condición de que le debía dar “la prueba de amor” antes y la muy enamorada de Adriana decidió hacerlo. Pasaron dos días y ameritaba ir al súper mercado y Adriana aun con las tarjetas de sus padres decide dárselas a su novio para que haga las compras. Esperó unas tres horas para que llegara con la comida, pero para su sorpresa el hombre jamás volvió.
Adriana lloró noches enteras y se preguntaba qué había hecho mal para que el tomara esa decisión, hasta que al fin el hambre pudo mas con ella y tuvo que ir de nuevo a casa de sus padres a pedirles que la recibieran de nuevo.
Sus padres al ver el estado deplorable la aceptaron inmediatamente y un “Te lo dije” salió de los labios de ambos, pero Adriana solo callaba y lloraba.
Poco a poco ella fue adaptándose de nuevo a su antigua vida y aprendió a sobrellevar semejante decepción vivida.
Pero todo no termina allí, pues empezó a sentirse extraña y su cuerpo comenzó a cambiar.
Muy asustada decide contarle a su madre y van al médico al día siguiente temiendo que sea un embarazo.
Después de las pruebas de sangre resulta que Adriana dio positivo al VIH.