Martha la mamá de su amiga con otros ojos lo veía.
El chico siempre visitaba aquella casa inmensa por motivos de estudio con su amiga. Lo que ignoraba es que aquella dama de edad madura lo desvestía con la mirada cada vez que lo veía.
Martha era viuda, y compensaba su soledad imaginando aquel muchacho enredado en sus sábanas.
En una de las visitas de aquel chico, Martha sale a recibirlo en la ropa de dormir más diminuta, sensual y sugerente que tenía.
Alberto tragaba fuerte y sudaba cada vez que la veía, tratando siempre de bajar la mirada para no admirar aquel monumento de mujer.
Allí comenzó el juego perverso de Martha, cada vez eran más evidentes sus ganas hacia Alberto y el chico ya se estaba dejando en evidencia pues sus nervios se estaban transformando en lujuria pura.
Martha lo citó en su casa, un día que mando a su hija a un viaje de fin de semana.
Pasadas las 6:00 pm llega Alberto con sus mejores ropas, bien peinado y perfumado. El solo hecho de pensar lo que iba a pasar le erizaba la piel.
La puerta estaba abierta a propósito pues Martha sabía que pronto Alberto llegaría.
Sube a la habitación principal donde estaba aquella dama encantada. El ambiente solo olía a pecado.
Su corazón empezó a latir muy fuerte cuando de la nada comenzó a escuchar un taconeo lento que se dirigía hacia el. Se quedo paralizado a espaldas de aquella presencia. Martha le aprieta los hombros y le susurra al oído:
-“Esta noche serás solo mío”.
Y lo voltea hacia ella besándolo lentamente.
Sus manos exploraban el cuerpo del otro y apretaban con pasión.
El chico no pudo evitar tener una erección inmediatamente y le confiesa a su dama que es virgen.
Eso hizo arder en llamas a Martha y lo empuja hacia su cama.
Lo desviste ferozmente y se detiene en la zona sur del chico, y comienza a degustar lo más íntimo de Alberto, como una niña comiendo una paleta.
Alberto solo suspiraba de placer, pues nunca había sentido la gloria de esa manera.
Al cabo de un rato Martha comienza a quitarse aquella ropa interior de encaje que llevaba puesta. Desnuda en todo su esplendor se coloca encima de su amante y comienza el placer mutuo de la carne donde los gemidos de ambos se fueron intensificando y convirtiéndose en un coro.
Se dejaron llevar por el placer y la locura del momento y ambos lograron llegar al éxtasis de su pasión prohibida al mismo tiempo.
Alberto se convirtió en hombre en ese momento, donde sacó su instinto animal y le dio a Martha la mejor noche de su vida.