La tristeza es un sentimiento natural que está en todos los seres humano y es manifestada por las personas de diferentes maneras. Desde mi experiencia pienso que la tristeza es un estado de ánimo que momifica, aísla, amarga, produce temor, angustia, llanto, pierdes la fe, entre otros… En ocasiones quieres desaparecer, correr, correr, ir donde nadie te conozca, que nadie te mire, ni te hablen. Las personas te hablan con el fin de aliviar el dolor pero uno escucha mas no comprende por lo tanto es nulo el apoyo.
Este estado de ánimo es muy fuerte y persistente, solo el tiempo puede poco a poco permitirte ir acostumbrándote a no ver físicamente a tu ser querido, es un proceso muy lento y difícil de sobrellevar. Una de las formas de desviar el pensamiento es mantenerse siempre ocupado, leer mucho, oír experiencias de otras personas, recordar los momentos felices que pasaste con tu ser querido, mostrar a todos cualquier cosa que haya hecho, como dibujos, alguna manualidad, juegos, videos.
Una recomendación muy personal es que cada vez que quieras llorar no te reprimas hazlo eso ayuda a drenar un poco el dolor, y liberas tensiones, no escuches todo lo que te dicen y haz solo lo que tu corazón indica, ten siempre la certeza que tu ser amado siempre estará a tu lado aunque no lo veas, mientras lo recuerdes estará vivo dentro de ti. Recuerda siempre que Dios lo ha llamado porque necesitaba un ángel bueno a su lado, es decir, está en un mejor lugar quizás angustiado por cómo nos ve.
Los seres humanos sabemos que es ley de la vida nacer, crecer, reproducirnos y morir, pero nunca nos preparamos para ver cambiar de plano a nuestros seres queridos, menos a un hijo. Como padres siempre pensamos verlos crecer, darle cobijo hasta que sea necesario, compartir lo bueno y lo no tan bueno, alegrarnos por sus triunfos, apoyarlos en sus caídas, ser su amuleto cuando sea necesario, nunca imaginamos que se irán al cielo primero que nosotros.