La Magdalena penitente (1644) por Georges de La Tour.
Un mundo transparente danza frente a mí, salado y triste. La narrativa de una lagrima que se aproxima a ser contada bajo un pretexto de soledad. De libros y de contemplación, pero de soledad al final, aunque una soledad parcial y serena.
El tiempo lo es todo en la imagen; una nueva vida por llegar al plano, una calavera; símbolo universal de la muerte y la juventud de Magdalena. La tenúe y precisa iluminación de la lamparilla de aceite como un atisbo de esperanza en el plano terrenal. Otra vez el punto de partida es la contemplación, la mirada sedienta de respuestas, sin embargo, regida por la paciencia.
Una cruz y un flagrum... De las creencias y costumbres, de decisiones y consecuencias. Representaciones especiales de la época y la religión, no obstante, pueden interpretarse y adaptarse a los significado más modernos que aprehendamos de la obra.
María Magdalena hermosa y sensible en esta obra agita mi imaginación, y así salió este texto con mátices poéticos y descriptivos de la pintura. Espero se sientan tan conmovidos como yo al observar esa belleza.