Su llanto era entrecortado, le temblaba cada fibra de su cuerpo intermitentemente, mientras susurraba sin cesar “WALDEN”
Hacia una semana que había pensado que sería feliz, sus problemas estarían resueltos al encontrar la mina de oro de la segunda década del siglo 21, STEEMIT sonaba a la solución de todos sus problemas, un sitio donde la gente ganaba dinero por compartir imágenes, texto e información en internet…
Después de soñar varios días con los miles de dólares que conseguiría, estaba frente al ordenador, con su primer artículo escrito, una gota de sudor bajaba desenfadada de su frente y su dedo tembloroso dudaba si apretar el boton del raton que mandaría al ciberespacio su creación o borrar todo, tomó aire y en un acto de infeliz ignorancia pulso post.
Inmediatamente fue a ver el resultado, su artículo -alegremente copiado de un blog de misterio- estaba ahí y ya generaba 0,01 dólares, con un voto, una vista y un mensaje decía…
“Cuidado con WALDEN”
Extrañado con el críptico mensaje se dispuso a interpelar a la persona respondiendole su comentario, pero al tratar de enviar su respuesta le apareció un mensaje de error que decía: “unable to post” al refrescar la pantalla se percató que el mensaje había desaparecido, un escalofrio le recorrio la espalda, pero él no sabía por qué.
Esa madrugada apagó la computadora y se fue a dormir ya agotado de tanto responder mensajes de su artículo, estaba esperanzado con su futura vida mejor, apago la luz y cuando ya estaba entre dormido y despierto su celular sonó, extendió su mano alarmado, nadie lo llamaba o mandaba mensaje a esa hora, encendió la pantalla y vio: “WALDEN TE OBSERVA”. Otra vez como si de un mal sueño se tratara, el mensaje desapareció, fue fugaz, casi como un parpadeo que quedó grabado en su retina, aún así no le prestó atención y se quedó dormido mientras susurro un lejano y débil Waldeeeen…
Después de una semana había logrado copiar y pegar unos 210 artículos, su cartera en steemit aún no tenía un centavo pero empezarían a llegar esa noche, sus ganancias estimadas de su primera semana de abuso en la plataforma eran de casi 300 dólares, sus artículos no recogían mucho, ¿pero que tanto esfuerzo era copiar y pegar 30 artículos al día?, responder los comentarios y seguir sistemáticamente a miles de usuarios buscando que algunos incautos le votaran en agradecimiento le tenía exhausto, pero pensaba que su vida cambiaría... al menos eso pensaba.
Faltaban 30 minutos para cobrar sus primeros ingresos, su ansiedad crecía desmedidamente, con ese dinero en Venezuela podría vivir casi un año sin lujos y los ganó en una semana, ahora el cielo era el límite.
Encendió un cigarro como celebración de su victoria ante el sistema y la vida, tomó un sorbo de café mientras sonreía tontamente de los nervios, prendió la pc, ya pronto vería sus primeros dolares.
Al revisar el chat de la comunidad vio que tenía un mensaje personal, se fue a la sección de privados y vio otra vez aquel nombre misterioso “WALDEN”. Tenía un mensaje privado de un usuario llamado así, sería una broma tal vez para los nuevos… Dudó varios minutos antes de entrar a ver que decía, luego tomó valor y pulso sobre aquel icono maléfico.
“Sr.
Atentamente Walden
Esta vez no podia creer hasta donde llegaba la maldad del ser humano, hacerle una broma tan estúpida como esa, cerró la ventana sin responder y fue a su blog para ver sus primeras ganancias. Su sorpresa al abrir la pagina steemit.com/@procopio fue terrible, al ver su blog todo aparecía sombreado y sin dinero, pensó que era un error, pulsó la tecla F5 para recargar la pagina, todo seguía igual, esta vez con más fuerza la pulso -como si eso fuese a cambiar en algo el resultado- lo hizo repetidamente hasta que entendió, no había un centavo, nada de nada.
En ese momento sus sueños se fueron por el caño, se encogió de hombros y se levantó de la silla, dio vueltas un rato maldiciendo su suerte, pensando que lo habían hackeado, sin entender aún las palabras de aquel terrible mensaje y las advertencias que se le habían dado, finalmente se tumbó en una esquina, sudoroso y desanimado, vencido por el peso de aquella realidad que se le venía encima.