Cada tarde tras regresar de la universidad acostumbro a tomar siestas de 20 a 30 minutos como mucho. Una de esas tardes, mientras me encontraba preso del sueño, un fuerte olor se pronunció en toda mi habitación, desperté de inmediato y lo primero que vino a mi mente fue, ‘’seguramente están quemando basura de nuevo’’, ya que es una práctica diaria que ocurre en la parte trasera del edificio donde resido, desde hace unos meses se ha convertido en un vertedero de basura clandestino en toda regla.
Salí de inmediato al pasillo.
Me fui acercando un poco más.
Hasta que finalmente con el lente de la cámara…
…pude vislumbrar una verdad que estuve temiendo durante bastante tiempo.
Desde que somos jóvenes ha habido una idea que creo a todos nos han ido sembrando por igual: el más fuerte es quien siempre prevalecerá, aquel que tiene la capacidad de evolucionar. No obstante, las reglas cambian y aun así los contextos parecen siempre repetirse a lo largo de la historia. Yendo directamente a la ficción, ¿cuántas historias de futuros post-apocalípticos no describen un cambio temperamental en la conducta de quienes logran sobrevivir y adaptarse? Todas lo hacen. No estoy diciendo que la crisis en Venezuela vaya a pintarse con los mismos colores de una trama como Mad Max o incluso Fallout, al menos no por ahora.
La cuestión en sí no sería pensar en lo tanto que se ha agravado la crisis en mi país en los últimos años (que creo para todos está bastante claro, y puede discutirse de hecho en otra oportunidad), sino más bien en la distintas prácticas a las cuales se han visto obligadas a recurrir miles de personas en las calles.
Puedo admitir con total seguridad que esta es solo la punta del iceberg, no solo recurrir a la basura en búsqueda de la cosa más simple para saciar el hambre, hay quienes ya se prestan para arrebatarle una bolsa de comida a otro que va caminando tranquilamente por la calle, a la caza de animales callejeros como gatos o perros. E incluso como en el vertedero clandestino detrás de mi edificio, encontrar un refugio con alimento y fuego, resistiendo tarde tras tarde a los delirios causados por el hambre mientras las tripas gritan sin cesar. Así me lo imaginé antes de que ocurriera todo esto, cuando los ciudadanos de Valera comenzaron a arrojar sus desechos en cada rincón de la ciudad, aunque esto no es del todo su culpa, el servicio del aseo siempre está ausente.