La próxima semana es mi cumpleaños n°21 y he estado viendo en retrospectiva cada suceso que haya marcado mi vida, creo que ya es la edad, que me brinda un poco de nostalgia, la amargura para no salir a la calle o que simplemente esos pequeños detalles que he recibido con grata alegría y felicidad.
He vivido toda mi vida aquí, en Caracas, la sucursal del cielo, donde el diablo dejó la chola, valle de balas, ciudad de furia. Le he dedicado mis días completos a conocerla, cada avenida con su atajo, cada calle con sus huecos y hasta he llegado a conocer su cima más alta de concreto y aún así pienso que no la conozco, que con el tiempo y la apatía de sus mismos ciudadanos, la ha vuelto hipócrita, con una falsa calma adornada de política y corrupción, Caracas es fría y arisca, odiosa por doquier. Pero aún así, esta es mi ciudad, mi hogar, mi nido de águila; Caracas déjate querer, así sea un poquito.
Los días se colman de rumores económicos que se escabullen por las arterias subterráneas, que si mañana caerá, que si el pueblo ya no tiene miedo, que los barrios bajarán en la noche, que un muchacho se entro a tiros con otro por qué le picó el ojo a una muchacha; todo esto es Caracas, aquella ciudad que por las tardes nos regala cielos pícaros y pintados, con un característico olor de madera quemada, hollín y otros ingredientes desconocidos; Caracas, déjate querer.
Solo quería decirte eso Caracas, gracias por esos 21 años que he tenido en tus calles, en los paseos en el autobús con mi abuela, gracias por los días de Ávila, por los días de lluvia, Serás un gran regalo Caracas.
Nikon D60, lente tokinon 35-200mm