Al igual que todos, en ocasiones tengo dificultades al momento de estudiar. Cuando no me parece interesante un tema, o tengo mi mente en otros lugares, me cuesta en demasía concentrarme y lograr memorizar lo que estoy leyendo. Para tratar de sobreponerme a esto, suelo complementar el leer libros y textos con ver vídeos de clases sobre el tema; encuentro más fácil memorizar lo audiovisual que lo escrito. Pero claro, en ocasiones esto no es posible; ver un vídeo sobre farmacología no ayuda a memorizar nombres como hidroclorotiazida o ceftriaxona, y ver cómo se realiza una colangiopancreatografía retrógrada endoscópica no hace que sea más fácil aprender el nombre de la operación. En momentos como estos quisiera haber nacido con una memoria fotográfica, al igual que muchos personajes de la ficción como Sherlock Holmes o el Dr. Gregory House; ver la página de un libro y al instante memorizarla como si de una captura de pantalla se tratara, y poder acceder a esa imagen mental cuando fuera necesaria. Pero, ¿en realidad existe tal cosa como la memoria fotográfica? ¿Hemos sido engañados toda nuestra vida al creer que era algo real? Quédense hasta el final del artículo para averiguarlo, hoy, en Mitos Médicos:
Mitos Médicos: ¿Existe la memoria fotográfica?
Se le ha atribuido a los más grandes genios, tanto en la historia como en la ficción. Todos hemos deseado tenerla, creyendo que es la llave hacia un intelecto superior, o quizás al revés, que sólo la poseen aquellos con una inteligencia mucho mayor al promedio. Pero admitámoslo, el concepto en ocasiones puede parecer algo inverosímil, ¿En serio existen personas que pueden memorizar perfectamente algo, hasta el más mínimo detalle, con sólo verlo por unos pocos segundos? Seguramente alguien con esta habilidad sería una eminencia no sólo en un campo de estudio, sino en absolutamente todos; bastaría con tomar tantos libros como sea posible de cuantos temas encuentre y leerlos todos. Tomaría bastante tiempo, cierto, pero luego de haber memorizado varias docenas de textos de cada ciencia existente seguramente se convertiría en el erudito más famoso e importante del mundo, y presumiblemente desarrollaría poderes psíquicos y telequinéticos o algo por el estilo. ¿Por qué no ha surgido alguien así?
Pues, vamos paso por paso; veamos cómo funciona la memoria. Podemos pensar que los recuerdos se guardan de manera parecida a una computadora; es decir, como una especie de archivo en una carpeta a la que podemos acceder cuando lo necesitamos, pero la verdad es mucho más compleja que eso. Cada recuerdo individual en realidad es un constructo compuesto de varias partes, cuando pensamos en un evento, el cerebro busca recordar todas sus características: no sólo lo que vimos y oímos, sino también lo que sentíamos (temperatura, dolor, contacto físico), lo que olíamos, e incluso lo que saboreábamos durante ese momento. Lo mismo pasa cuando recordamos un objeto; recordamos cómo se ve, cómo suena, el olor que percibíamos al verlo (no necesariamente el del objeto), su nombre y su función. Todas estas partes de un determinado recuerdo se guardan en áreas diferentes del cerebro, y accedemos a ellas por separado para luego unirlas y crear un todo. Es por esto que en ocasiones recordamos sólo ciertas partes de algo o alguien; seguramente a todos nos ha pasado que encontramos a un viejo compañero de clases, y recordamos todos los años que estudió con nosotros, que fue emo de 7mo a 9no grado y luego hipster hasta la graduación, que sufrió de diarrea un día en 8vo grado y tuvo que limpiarse con un calcetín, y que su hermana menor gustaba de tu mejor amigo, vamos, casi podríamos escribir su biografía, pero se nos hace imposible recordar su nombre. Nuestro cerebro accede a la mayoría de las partes del recuerdo que tenemos sobre él, pero falla al extraer ese dato en específico.
Entonces, usando la analogía anterior, nos queda claro que los recuerdos no se guardan en una sino en varias carpetas. Vayamos más allá, e imaginemos que estas carpetas están en la nube, y necesitamos de una conexión a internet para acceder a ellas. Pero claro, si necesitamos una memoria muy frecuentemente lo lógico es que la descarguemos para acceder a ella más fácilmente, o que el archivo se guarde en la memoria caché para que dure menos en cargar. Esto mismo pasa con nuestras memorias; las carpetas en las que se guardan son las células del cerebro, las neuronas, y la conexión a internet que necesitamos para extraerlas se conoce como sinapsis. Si evocamos un mismo recuerdo muchas veces, estas sinapsis se fortalecen y se hace más fácil recordarlo, como cuando cantamos una misma canción todos los días, y a las semanas podemos recitar la letra a la perfección casi sin prestarle atención. A lo que quiero llegar, es que con esto podemos darnos cuenta que el cerebro es un órgano, que como los demás se puede fortalecer, y el recordar es una habilidad que se puede practicar; al igual que podemos ejercitar nuestras piernas y practicar las maneras de patear un balón de fútbol para poder hacer un pase o un disparo perfecto, podemos ejercitar nuestro cerebro y entrenar nuestra técnica para recordar cosas de manera más fácil.
Por esto, hay personas alrededor del mundo con la habilidad de recordar una gran cantidad de números, o de leer una página de un libro y recitarla de memoria, palabra por palabra, un tiempo después. Pero no nos confundamos, esto no tiene nada que ver con la memoria fotográfica, solamente practicaron y optimizaron su manera de acceder a ciertos recuerdos, algo que tú también puedes hacer. El cómo va más allá del enfoque de este artículo (si quieres que explique la manera, sin embargo, siéntete libre de solicitarlo en un comentario), pero básicamente lo que se hace es asociar lo que se quiere recordar, sean palabras, números o imágenes, con otras cosas o sensaciones, de modo que haya más partes a la memoria y que se guarden en una mayor cantidad de neuronas, para facilitar el acceso a ellas.
Un ejemplo de esto se puede ver en el caso de Solomon Shereshevsky (tuve que copiar y pegar el apellido, lo admito sin pena), nacido en Rusia en 1886, y el hombre con probablemente la mejor memoria de la historia. Solomon podía recordar números de 70 cifras, poemas en idiomas extranjeros, eventos que habían ocurrido mientras era un bebé de cuna, y discursos completos palabra por palabra, habilidad que usaba en su carrera como periodista, nunca necesitando tomar notas de nada, siendo capaz de recordar perfectamente todo lo que vivía. El secreto para su memoria perfecta era que sufría de una condición llamada Sinestesia, en la que los sentidos; tacto, sabor, vista, olfato y audición, se entremezclan. Para Solomon, cada palabra tenía un olor, cada número un color o sabor diferente. “Ganglio” probablemente tenía un desagradable sabor ácido y un color verde amarillento, y el número 7 seguramente olía a perfume barato y se creía superior a los demás números.
Su sinestesia hacía que cada recuerdo estuviera conectado a un enorme número de sinapsis, y bastaba con recordar el olor o sabor que asociaba a un número o palabra para recordar el evento completo. De esta misma manera, los mnemotécnicos actuales, profesionales en la memoria, se entrenan para asociar lo que desean recordar a una variedad de sensaciones o conceptos para incrementar la cantidad de sinapsis creadas y facilitar su recolección. El mismo principio lo aplicamos al usar la mnemotecnia, recurso muy valioso para todos los que estudiamos algo con gran carga teórica, y en el que establecemos un vínculo o asociación entre un concepto o una serie de nombres o palabras difíciles de aprender, y una imagen, sensación o palabra individual más corta y fácil de recordar.
En resumen, la gran mayoría de las personas que dicen ser capaces de recordar todo en realidad sólo se han entrenado para mejorar su memoria; sus cerebros son Rocky subiendo escaleras de mnemotecnia. Pueden ser capaces de recordar grandes cantidades de datos, pero muéstrales la página de un libro por sólo unos segundos y tendrán la misma dificultad para recordar todo su contenido que tú al transcurso de un tiempo; no poseen una verdadera memoria fotográfica capaz de instantáneamente recordar todo lo que ven. Sin embargo, hay un fenómeno parecido, aunque no igual, la memoria eidética.
Los términos “memoria eidética” y “memoria fotográfica” constantemente se confunden y se usan de manera intercambiable, pero existen diferencias entre las dos; la memoria eidética es lo que comúnmente se trata como memoria fotográfica en la ficción, la capacidad de tomar fotos mentales de un evento, y poder acceder a ellas como una captura de pantalla en un teléfono. Esta capacidad existe, y está presente en el 2 a 11% de los niños menores de 12 años, pero no es perfecta; está sujeta a distorsiones y adiciones como toda memoria normal, y el relatar lo que se ve, o desconcentrarse mientras se está recordando, interfiere con la recolección de la imagen. Además, no se han encontrado casos de su existencia en adultos, al menos no que ocurra de manera natural, sin entrenamiento, y de manera inconsciente, probablemente debido a que el desarrollo lingüístico y la habilidad verbal que viene con la edad hace que los niños piensen de forma más abstracta, y que no dependan tanto de la imagen visual.
La memoria fotográfica, en cambio, se entiende como el tipo de memoria en la que se los eventos se guardan no en fragmentos, como ocurre normalmente, sino como un todo, y por lo tanto se recolecta de la misma manera, sin cambios ni distorsiones. Es la capacidad de ver una foto de una ciudad, y años después poder pintarla de memoria, o de leer un texto y recordarlo siempre, palabra por palabra, sin concentrarse ni necesitar asociar el recuerdo a otra sensación. Este tipo de memoria, y para finalmente responder todas las preguntas que seguramente aún tienes, no existe, o al menos, no se ha reportado ningún caso real. Hay miles de personas con memoria extraordinaria, pero generalmente es por asociación a otras sensaciones, y jamáses perfecta del todo, en especial cuando se trata de imágenes.
Puede parecer decepcionante, pero a la vez es inspirador; tú también puedes tener una memoria así. No naciste con la capacidad de recordar todo sin esfuerzo (nadie lo hizo), pero al entender cómo funciona la memoria, puedes entrenarte para fortalecer las sinapsis de los recuerdos a los que deseas acceder, mediante técnicas fáciles de aprender. Tu cerebro también puede ser Rocky, golpeando la pera de boxeo del olvido, ganando la batalla del estudio y el éxito (y de las letras de canciones, y curiosidades innecesarias. Seamos honestos, de existir la memoria fotográfica, la usarías para eso).
Referencias:
- ¿Realmente existe la memoria fotográfica?
- Memoria eidética o memoria fotográfica
- ¿Existe la memoria fotográfica?
- No hay tal cosa como la memoria fotográfica
- ¿Es real la memoria fotográfica?
- Simola, Anthony.The Roving Mind: A Modern Approach to Cognitive Enhancement, 2015.
- Solomon Shereshevski, el hombre que lo recordaba todo
- Memoria eidética, ¿mito o realidad?
- Sinestesia, la capacidad para ver sonidos y saborear colores