En gran medida son los jóvenes quienes ya que tienen futuro que construir, deciden partir hacia nuevos horizontes. Pero en muchos otros casos, personas mayores dejan a un lado todo lo que eran y tenían en el país para rearmarlo en otro.
Si bien, no es la primera gran oleada migratoria en el siglo XXI -Venezuela ya ha tenido dos: una entre 1999 y 2003, y otra entre 2004 y 2009- ha sido hasta ahora, la más larga puesto a que aún no se ha identificado su cierre y cada segundo se agudiza más.
Sin importar cuál país sea el destino final, la travesía será dura. Una montaña rusa de situaciones y emociones esperará a la vuelta de cada esquina. La situación de quien se va, se torna gris, pero eso no implica que la de quien se queda, sea de colores. Para quienes no pueden o no quieren dejar su tierra, aparte de lidiar diariamente con la crisis económica y los tantos problemas que aquejan al país, deben luchar por sacar adelante y mantener a flote el territorio. Abrirse paso ante la adversidad, creando sus propias oportunidades. Les toca mantenerse en un país que se está quedando sin nada y sin nadie, pero si algo tiene el venezolano, son ganas de echar pa’ alante; y con un camión de esperanzas salen diariamente a buscar el sustento.
La creatividad está a la orden del día: buscan nuevas formas de reinventarse, nuevos proyectos de emprendimiento o cualquier manera de darle la vuelta a la situación. Dependerá de cada quien, en su visión personal de acuerdo a la condición que viva, el cómo la afrontará.
Que nuestro país se está convirtiendo en un gran exportador de su gente, es un hecho innegable, pero que aún hay gente dispuesta a quedarse y luchar en él, tampoco se puede negar. La realidad es que: se requiere mucho coraje y gallardía para escoger un camino; te quedes o te vayas, la tarea es dura y amerita mucho esfuerzo, pero el objetivo es el mismo: seguir adelante a toda costa y dejar el nombre de Venezuela en alto.