Mois-art-151
Capitulo 2
parte 10 (especial continuación)
Existen algunos individuos que al hacer el amor, tener sexo, coger duro e intenso, en cualquiera de los casos tienden a realizar ciertas cosas que no son del todo usuales, como ahorcar hasta cierto punto de resistencia, morder algunos lugares como los huesos entre otras partes del cuerpo poco comunes, Dantes es así, quisiera azotar a su presa y hacerla que pida perdón, con la mano sujetando el cabello negro y largo de Nay desde atrás le muerde el cuello con una fuerza tal que Nay pierde aliento como si de un antílope se tratase siendo sacrificado por un león hambriento, no es suficiente para el pero ya es mucho para ella y el mordisco cesa, un silencio corto es el que le concede Dantes a Nay y vuelve a la ataque esta vez arrojándola mas adentro de la cama y terminando de despojarla de sus prendas de una manera un tanto sutil pero con algo de apresuro, los besos no se hacían esperar, esos que sacan el alma del cuerpo, besos que te hacen pensar si lo vivido es cierto o es simple fantasía carnal.
Evidentemente es magia lo que se siente al juntar dos cuerpos que se atraen de esta manera, pero llega un momento en que los movimientos bruscos de este salvaje ser son tales que pide un respiro la damisela en apuros, parte de Dantes es consciente de este comportamiento errático al cegarse por la carne y le permite descansar a pesar de lo insaciable que es, el sexo no lo es todo pero es lo mas delicioso sin lugar a dudas, solo son unos segundos y ella misma sube al semental y cabalga sin clemencia en lo que hoy para ella es su hombre predilecto, su amante, su protector que la quema por dentro cada noche que se desnudan juntos.