En el presente post quise rememorar la poesía extraordinaria de Jorge Guillén (Valladolid, 18 de enero de 1893 – Málaga, 6 de febrero de 1984), poeta destacado de la generación del 27 G27.
GUILLÉN, LO COTIDIANO Y MÁS ALLÁ...
Todos los críticos coinciden en calificar a la poesía de Jorge Guillén de "pura", difícil e intelectual; y es cierto que Guillén comenzó a escribir poemas con un claro deseo de norma, precisión y limpieza conceptual. Pero cuando nos adentramos en su obra, cuando profundizamos en su verbo poético nos deslumbra la enorme claridad que irradian sus palabras, una nitidez que no sólo enmarca cada verso sino que lo moldea, lo transforma y lo hace integrarse en un todo transparente y magnífico.
En carta a Fernando Vela, Jorge Guillén expone algunas de sus ideas sobre lo que llamaríamos su poética. Guillén se muestra partidario de una “poesía bastante pura, ma non troppo (pero no demasiado)”. “No hay más poesía- dice- que la realizada en el poema, y de ningún modo puede oponerse al poema un estado inefable que se corrompe al realizarse y que por milagro atraviesa el cuerpo poemático. Poesía pura es matemática y es química - y nada más - dice más adelante. Poesía pura es todo lo que permanece en el poema después de haber eliminado todo lo que no es poesía”. Es por ello que podemos observar que la poesía de Guillén se caracteriza por su extraordinaria concisión. Atento sólo a lo esencial, elimina, por innecesarios, elementos decorativos y hace gala de una extremada economía expresiva, de forma que su poesía, convertida en pura emoción lírica, adquiere tal densidad, que su lectura resulta difícil en no pocas ocasiones.
Al mismo tiempo que poeta de lo conceptual y perfecto, Guillén es poeta de lo cotidiano, de lo sencillo porque lo próximo es lo verdaderamente amado e importante para el ser humano. Para Guillén, el mundo, tal como se evidencia en su poesía, es una entidad perfecta en la que todo baila al son de la armonía y el equilibrio, en contraposición al caos y al azar. Éstos son derrotados cuando el día derrota a las sombras de la noche.
Pero hay determinados acontecimientos diarios que nos hacen caer en un absoluto éxtasis sensorial. Uno de ellos es el amanecer y otro el instante supremo en el que el día llega a su plenitud, justamente cuando el sol se sitúa en una dominante verticalidad, el mediodía. Guillén intenta recuperar esta realidad a través de la palabra, en el poema. Para Guillén el poeta puede crear, no más allá, sobre la realidad o debajo de ella, sino desde la realidad misma, descubriendo el acorde esencial en todo lo creado y haciendo patente su organización armoniosa.
Estamos tan acostumbrados a que cada día traiga su mediodía que no somos capaces de valorar toda la grandeza que nos regala el astro solar día a día. Por eso el poeta nos ofrece este canto a la luz, al calor cenital, a la fuerza vivificante de los dorados brazos del sol porque él se siente conmovido por tanta belleza y desea compartirla con nosotros. Y va más lejos porque no se trata sólo de que al amanecer y al mediodía es hermoso contemplar la luz solar sino que debemos entender que en ese instante es cuando el mundo alcanza su verdadero sentido.
Más allá, unos de sus poemas, es la descripción de un día, desde al amanecer hasta el mediodía, y la relación de los seres humanos con estos dos grandiosos sucesos que empezamos a valorar realmente a partir de la lectura de este poema. Guillén nos dice que más allá de las cosas excepcionales hay belleza y gozo en el disfrute de las cosas cotidianas, como la incipiente puesta del sol y la llegada a su punto máximo: el mediodía.