LA PLAGA DEL MUNDO
Cuando éramos pequeños recibíamos clases de religión. En ellas nos enseñaban que el mundo fue creado perfecto. Cada ser viviente ocupa su lugar en el Universo, cumpliendo la función para la que ha sido destinado.
Pero, Jehová, Creador del Cielo y la Tierra, Omnipotente Dueño del Universo. Todopoderoso y Omnipresente, ¿Por qué hiciste algo tan inútil y absurdo como las cucarachas, las moscas, y los seres humanos?
Seria una herejía preguntarte si cometiste una equivocación. Seguramente en tu insondable sabiduría tendrías una razón para la creación de los dos primeros bichos. A nosotros se nos ocurren tres: Hacer millonarios a los fabricantes de insecticidas, enloquecer a las amas de casa y torturarnos a todos con el laudable propósito de irnos acostumbrando a los horrores de la paila que el Diablo nos tiene preparada en el Averno. Aunque, viéndolo bien, en el infierno saldremos ganando, porque el señor del inframundo, obstinado, los habrá eliminado con un lanzallamas, que es lo menos que se merecen tan detestables bichos.
En cuanto a la tercera especie, conocida científicamente como Homo Sapiens, no hemos podido explicarnos su existencia de ninguna manera. No solamente no aporta nada al entorno que lo sustenta, sino que hace todo lo posible por destruirlo. Con sus desechos daña todo el bioma. Aire, agua y tierra son contaminados sin piedad para las otras especies y para ella misma. Y ya encontrará el medio de hacer lo mismo con el fuego, único elemento que se ha salvado hasta ahora.
Su egolatría llega a tanto que se cree el Rey de la Creación, y tiene el tupé de proclamar a los cuatro vientos que ha sido hecho a la imagen y semejanza nada menos que de Dios.
Reconócelo, Pantocreator, quizá la arcilla con que fabricaste a Adán estaba dañada, o contenía demasiada agua o algo por el estilo, pero algo te salio mal. Tan mal que tuviste que enviar a tu Hijo Unigénito a ver si arreglaba algo y el Homo Sapiens te lo colgó en una Cruz. También enviaste el Espíritu Santo y ni con fuego pudo entrar en sus duras molleras.
Cuando decidiste no gastar más pólvora celestial en fuegos artificiales como los que destruyeron a Sodoma y Gomorra, ni repetir los "baños públicos", conocidos como Diluvio Universal, que te dio tanto trabajo al tener que secar ese agüero, no quisiste molestarte más y permitiste que nos destruyéramos a nosotros mismos con nuestros contaminantes, armas atómicas y químicas, y demás porquerías. Aunque de paso, nos llevemos en los cachos a todos los demás seres vivientes.
Lo que más nos molesta y nos hará revolcar en nuestras tumbas es que tenemos la seguridad absoluta que cuando expire el último hombre sobre la tierra, una cucaracha se paseará por su cuerpo y una mosca se posará sobre su boca abierta.
Desengáñate amigo Homo Sapiens, compañero de especie, con toda la inteligencia que Dios te regaló y que tú tan mal has usado, estos insectos son más antiguos que tú sobre el planeta y seguirán sobreviviendo. Ellos son los verdaderos herederos de nuestro bello Planeta Azul.