Hay que creerle a lo ojos
“Un día dijo el Ojo:
-Más allá de estos valles veo una montaña envuelta en azul velo de niebla. ¿No es hermosa?
El Oído oyó esto, y tras escuchar atentamente otro rato, dijo:
-Pero; ¿dónde está esa montaña? No la oigo...
Luego, la Mano habló, y dijo:
-En vano trato de sentirla o tocarla; no encuentro ninguna montaña.
Y la Nariz dijo:
-No hay ninguna montaña por aquí; no la huelo.
Luego, el Ojo se volvió hacia el otro lado, y los demás sentidos empezaron a murmurar de la extraña alucinación del Ojo. Y decían entre sí: " ¡Algo debe de andar mal en el Ojo!"
Relato tomado del libro “El Loco” de Gibrán Khalil Gibrán.
De verdad creo que es importante creerle a los ojos. Para creerles hay que ver con ellos, para ver hay que abrirlos y no todos soportan la honestidad de la luz. A pesar de esto insisto, debemos creerle a los ojos.
Pienso que sí son la ventana del alma, o yo diría, más bien la salida de emergencia. Mis ojos muchas veces me han advertido, cuando se ponen clarones, cuando se ponen rojitos, debo saber que algo pasa. No siempre he sido atenta con ellos.
He sido visitante asidua de los oftalmólogos: de forma recurrente tuve durante años conjuntivitis, escleritis, chalazioma... además de una alta miopía, astigmatismo y un ligero estrabismo. Los esteroides han sido visitantes asiduos de mis ojos cada vez que se enrojecen a causa de la escleritis, parece ser por estrés. Hace tiempo que la escleritis no viene por acá, la última vez se fue solita, empezaba yo una temporada de 40 días de meditación. Creo que se aburrió de eso y quedó espantada porque desde entonces no ha vuelto.
Total que mis ojos siempre me han dado que hacer... será que algo me quieren decir sobre mi manera de ver las cosas?
Maravillosos son mis dos ojos, con todas sus vicisitudes y remiendos, pero como ningún recurso está de sobra, empecé a trabajar en el ojo que tenemos en medio de las cejas, el que mira hacia adentro.
Agradezco este aprendizaje de creerle a mis ojos, de abrirlos al mundo y ver, lo bueno, lo malo, lo que es felicidad y dolor, de tener estas maneras de mirar, de mirarme y de descubrir la magia en las cosas sencillas.
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