¿Te has puesto a pensar cuales miedos compartes con tus padres? O tal vez con un amigo con el que pasas mucho tiempo. ¿Qué hay acerca de esos hábitos o muletilla que mantien en común?
En mi caso, le tengo un ligero miedo a cambiar los bombillos; para mí tener que cambiarlos es una tortura y todos los pensamientos de que algo podría salir mal se aglomeran en mi mente. Luego de pensarlo un poco me di cuenta de que a mi madre le pasa lo mismo cada vez que debe cambiar un bombillo...¿acaso son situaciones conectadas?
Estas no son cosas que suceden por casualidad o por arte de magia, sino que esconden toda una serie de procesos psicológicos que guían nuestra conducta. Estos descubrimientos vinieron de la mano del psicólogo canadiense Albert Bandura quién, con el método experimental, quería estudiar variables psicológicas observables y medibles a trevés de la conducta.
Siguiendo así con un enfonque conductista donde se plantea la influencia que tiene el medio ambiente causando la conducta en las persona, Bandura se interesa por estudiar aquellos aprendizajes que no son adquiridos por experiencia propia mediante estímulo-respuesta, sino que son adquiridos a raíz de la observación de las experiencias de otras personas. Es decir, no aprendo algo porque me haya sucedido a mí directamente, sino que lo vi en otra persona a quien sí le sucedió, u otra persona que realizó esa conducta y posteriormente la copio.
El conductismo es una corriente de la psicología que se basa en la observación del comportamiento o conducta del ser que se estudia y que explica el mismo como un conjunto de relaciones entre estímulos y respuestas.
Para llegar a esta conclusión, Bandura realizó el experimento del muñeco bobo en 1961 con el objetivo de comprobar si el aprendizaje en los niños era una aprendizaje social, es decir, que la conducta de las personas a su alrededor influenciaría la conducta de los pequeños. Como parte del experimento, se buscó estudiar si la agresión se haría presente en los niños antes y/o después de observar a un adulto ejecutando esta conducta.
De esta manera, el experimento se basó primeramente en que los niños entrarían en un cuarto donde se encontraba un muñeco bobo (un muñeco inflable diseñado para regresar al centro apenas sea desequilibrado) y se observaría su conducta; aquí, los niños no mayores a 4 años de edad, no presentaron alguna conducta agresiva. Posteriormente se les enseñó a todos un video de un adulto golpeando al muñeco bobo; cuando cada niño fue pasado nuevamente al cuarto con el muñeco, mostraron una conducta agresiva hacia él, tal como lo había hecho el adulto, sólo que algunos iban más allá e insultaban al muñeco o lo golpeaban de formas más extremas.
Si se dan unas determinadas condiciones ambientales, las personas más amables y educadas pueden llegar a cometer actos absolutamente atroces.
-Albert Bandura.
Es así como mediante este experimento Albert Bandura comprobó la existencia del aprendizaje social, donde mediante la observación de las experiencias de otras personas aprendemos nuevos comportamientos y los adquirimos como propios. En su teoría plantea que solemos imitar aquellas conductas de personas significativas para nosotros, llamando a esto modelamiento, donde ellos se convierten en nuestros modelos a seguir. Este es un aspecto sumamente importante durante los primeros años de vida de los seres humanos, ya que mediante esta observación e imitación aprendemos gran parte de las conductas que implementamos hoy en día y parte de las reglas sociales, tales como comer con cubiertos, cepillar nuestros dientes, vestirnos, entre otras cosas.
Bandura abre con esto el horizonte de los estudios conductistas, planteando que la conducta no es sólo dada por la presencia de un estímulo al que respondemos, sino que también se generan una serie de procesos cognitivos orientados a evaluar la situación, interpretarla y realizar una valoración de si es beneficiosa para uno o no.
Es por eso que en ocasiones imitamos conductas de nuestras personas más cercanas o de aquellas a quienes admiramos, adquirimos sus mismos miedos, costumbres, gustos; mientras más significativa sea esa persona en nuestra vida, mayor será su influencia en nosotros. Por ende, todos necesitamos a alguien que desde pequeños nos guíe y nos enseñe cómo comportarnos en el mundo y, si lo pensamos, tendremos a estas personas modelos a lo largo de nuestra vida, bien sean nuestros padres, un profesor, un gran amigo, un tío o aquel famoso al que admiramos; siempre habrá alguien a quien observemos e imitemos.
Y tú ¿A quién imitas?
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