Planeo ser productiva y pongo manos a la obra en ello, arreglo el escritorio, busco algún aperitivo para disfrutar en el transcurso de mi tarea y tomo un vaso de agua. Comienzo a trabajar, pasan cinco minutos y siento una mirada por debajo de mi hombro.
Es el pequeño Yorkshire Terrier de mi
que me lanza una dulce mirada mientras le observo. Le doy unas caricias y dispongo a centrarme nuevamente en lo que hago. Van y vienen ideas para nuevos post en Steemit, mientras redacto una nueva historia que llevo desde ayer creando.
Pero esta vez me detiene nuevamente Lucky (asi se llama el perrito) quien a dos patas se posa en la silla que estoy usando y me lanza nuevamente esa mirada cariñosa que casi todos los perros tienen. No puedo evitar dejar lo que hago y darle un poco de afecto.
Lucky se baja y sale de la habitación en la que me encuentro. Suspiro y continuo con mi danza de dedos sobre el teclado. Pero en medio de la inspiración siento a mis pies que algo se mueve y al ver hacia abajo me encuentro con un juguete.
Veo al responsable de aquello quien me mira con brillo en los ojos y un movimiento de su adorable y peluda cola.
Lo pienso dos segundos y me levanto de la silla, jugamos al menos unos 3 minutos hasta que empiezo a notar que se cansa. Acaban las perseguidas y lanzadas del juguete y de nuevo tomo asiento para trabajar.
Y bueno... Aquí me tienen, escribiendo este post luego de lo sucedido y con el peludito de Lucky a unos tres pasos de mi, descansando plácidamente en el suelo.
Por nada del mundo cambiaría el hecho de tener a ese pequeño amiguito haciendo de las suyas para llamar mi atención. Los perros son de las mejores compañias que una persona pudiese desear. ¿Tienen su propia pequeña distracción? Estaré feliz de leerlos en los comentarios.