Hola bombones, ¿Cómo están?
Hoy les quiero compartir una experiencia que pasé, y que espero les pueda ayudar a personas que estén viviendo una situación similar, sobre todo a adolescentes, ya que a esa edad suelen ser muy vulnerables.
El período de mi vida que abarcó entre los 15 y 20 fue bastante complicado para mí, ya que viví muchas inseguridades y frustraciones en lo referente a mi físico. Básicamente, nada de mí me gustaba: mi peso no era el ideal; mi cabello era ondulado y lleno de frizz; la gente constantemente me preguntaba si yo tenía ascendencia china, por mis ojos rasgados; mi altura de apenas 1.60 me parecía mínima; usaba lentes, etc., etc., etc. Por ende, llegué a tener episodios de profunda tristeza (tal vez hasta depresión leve) y no me sentía agusto conmigo misma.
Gracias a Dios, empecé a notar que lo que yo consideraba defectos, también me traían cosas positivas. Por ejemplo, la forma de mi cabello me permitía hacerme un sinfín de peinados; el hecho de que me preguntaran sobre una posible ascendencia asiática ayudó a que entablara conversación con nuevas personas, e hiciera amigos (as); mi estatura y el uso de gafas me empezaron a parecer que me hacían más tierna; y cuando comencé a reconciliarme conmigo misma, se hizo el milagro y también perdí peso.
Y ya en este nuevo estado fue que pude aceptarme, quererme y valorarme como soy y estoy, no sólo por fuera, sino por dentro. Sé que me encuentro bastante lejos de los estándares de belleza en la actualidad, pero soy única y diferente a cualquier otra persona sobre la faz de la tierra.
Y lo más importante: la Biblia dice que somos creados a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto, somos perfectos así tal cual somos.
Espero que mi experiencia y estas palabras ayuden a otras personas. Me encantaría leer sus comentarios. Gracias.