Ven y demos otro salto sin retorno hacia esos parajes llenos de misteriosa magia. Prepárate y abandónate a la idea de mantener tu mente abierta, y sígueme en estas breves historias para ti y para mí. Una mezcla de fantasía, fábula y realidad, con pequeños toques a tu ser.
Primero que todo, reciban un cálido saludo de corazón lectores de esta maravillosa plataforma. Espero que la estén pasando muy bien. Gracias por todo el apoyo recibido, por sus comentarios y por seguir siendo parte de esta aventura. De la rueda eterna que engrana toda la mecánica de lo que llamamos imaginación, les dejo otra entrega venida desde sus profundos y recónditos lugares infinitos. Cualquier parecido con alguna realidad es tan sólo una "coincidencia".
El combustible de la Rueda
La mañana poco a poco se levanta. El trinar de los pájaros anuncia su inminente llegada. Y como todos los días, él se prepara para ir a la fábrica donde le aguarda su rutina laboral. Con pasos suaves, camina por el pasillo para evitar hacer ruido; besa a sus hijos y coloca su mano en el hombro de la madre de los niños. Los vuelve a mirar, justo antes de salir, como para obtener un poco de ese combustible que lo impulsa a seguir.
Al llegar a su lugar de trabajo saluda a sus compañeros de labores. Y después de un desayuno sencillo, comienza su faena. ¡¡¡Crash!!! Empieza a sonar la maquinaria. La rutina le hace desear que termine rápido la jornada. Al concluir el día de trabajo, con pasos cansados, se dirige a casa.
Ya la noche asoma su rostro oscuro, ahora el cansancio se transforma en el entusiasmo de reencontrarse con su familia. Apenas abre la puerta, sus dos pequeños se abalanzan sobre su cuello, y él les recibe con un abrazo lleno del amor que los refugia.
“Mamá aún no ha llegado desde que salió ahora” le dicen. Extrañado, toma su teléfono e intenta llamar, pero recibe por respuesta: “saldo insuficiente para hacer esta llamada”. Entonces decide esperar mientras les da de cenar algo.
Pasado un rato, él les pide a los niños que esperen en la casa mientras sale a preguntarle a la vecina que vive enfrente; "quizás ella hasta le preste un teléfono", piensa. Los pequeños se quedan en la puerta viéndolo salir a preguntar.
Al cabo de un rato, él regresa sin noticias. Apenas si logra ver venir a lo lejos un par de luces blancas. Sus pasos son lentos para esas luces que se acercan sin misericordia hacia él. Los niños salen corriendo y gritan, mientras varios ojos curiosos y alarmados se asoman hacia el sitio donde él queda tendido.
Y, ¡zas!, abre sus ojos con el corazón acelerado y la frente perlada de sudor. “Sólo fue un mal sueño”, reflexiona.
La mañana poco a poco se levanta. El trinar de los pájaros anuncia su inminente llegada. Y como todos los días, él se prepara para ir a la fábrica donde le aguarda su rutina laboral. Con pasos suaves, camina por el pasillo para evitar hacer ruido; besa a sus hijos y coloca su mano en el hombro de ella. Los vuelve a mirar, justo antes de salir, como para obtener un poco de ese combustible que lo impulsa a seguir. Fin.