En aquellos caminos se logra ver un pequeño atisbo de lo que el loco ha andado tras de sí mismo.
Ven, que el Archimago nos ha invitado a echarle una mano, y demos otro salto sin retorno hacia esos parajes llenos de misteriosa magia. Prepárate siempre y abandónate a la idea de mantener tu mente abierta, y sígueme en estas breves historias para ti y para mí. Una mezcla de fantasía, fábula y realidad, con pequeños toques a tu ser.
Reciban un cálido saludo de corazón lectores de esta maravillosa plataforma. Espero que la estén pasando muy bien. Reiteradas gracias por el apoyo, por sus comentarios y por seguir siendo parte de esta maravillosa aventura. A continuación les dejo otra entrega venida desde los profundos y recónditos lugares de la imaginación. Cualquier parecido con la realidad es sólo una "coincidencia".
Locura que vuela
Y un día, el loco se encontró con una especie de “dedo andante”, que goloso se daba un banquete sobre un pequeño arbusto. Mirando a la pequeña criatura, pues nunca había visto uno, a menos que él recordara, bueno, es un loco, su memoria es un tanto misteriosa, le preguntó:
– ¿Qué cosa eres tú?– y para su asombro, el aparente “dedo” que además de andante, era parlante, lo miró y le respondió con la misma pregunta.
El loco echó un vistazo para todos los lados, tal vez quiso cerciorarse que no fuera alguna de esas voces que retumbaban en su cabeza, y de nuevo escuchó:
– ¿Por qué eres tan grande?– y él adaptándose a su peculiar situación le contestó al dedo:
– Supongo que nací así, por qué, no sé. Ni siquiera sé quién soy, pero sé que puedo aplastar a pequeñas cosas como tú– a lo que el pequeño replicó:
–Aún sigo sin entender qué eres. Así que, por favor, vete a molestar a otra parte.
El loco volvió a mirar hacia los lados y viendo que no había nadie más, decidió sentarse y continuó hablándole al pequeño dedo:
–Eres bien feo, no sé qué utilidad tendrás, pero feo y todo me provoca comerte– a lo que el pequeño, abriendo sus ojos, con asombro asustado, le respondió:
–Creo que estás loco, no sabes quién eres, te parezco desagradable y aun así quieres comerme. Al menos, por mi parte, sé que volaré, algún día lo haré– el loco, en tono burlón, le contestó:
–Y yo soy el loco ¿Cómo vas a volar, si no tienes alas? Eres además de feo, tan tonto que se me ha quitado el hambre.
El loco se levantó y decidió proseguir con su camino a ninguna parte, y el supuesto dedo continuó con su faena unas lunas más.
Hasta que un día, el loco venía de regreso. En su retorno por el lugar, se topó con una extraña rama en un arbusto, era el arbusto donde días antes se había encontrado con aquella criatura repugnante que sabía hablar. Quiso arrancarla, pero el sonido de unos ladridos le recordó que estaba huyendo y se fue corriendo.
Y de esa extraña rama nueva, que estaba en el arbusto, después de resquebrajarse desde adentro, salió volando con la danza de la brisa, libre de su crisálida: una hermosa mariposa. Fin.