Aaron estaba distraído...
Era extraño debido a que siempre es muy espabilado, pero hoy en particular podía percibir con claridad que algo no andaba bien con él. Pues apenas había dado un par de sorbos a su taza de café en los últimos 10 minutos y no dejaba de asentir de forma mecánica a todo lo que le decía, sin dar opinión o aporte a la conversación como suele hacer. Desde que llegamos a La Patana ha estado algo... ¡No! muy distante... Ya estaba empezando a preocuparme...
-¿Cómo está el café? -pregunté en un intento de llamar más su atención.
-Ok... -respondió mirando hacia abajo.
Era evidente que no escuchaba nada de lo que había dicho.
-Oh, bien -dije-. ¿Sabes? Quería decirte un par de cosas también... Creo que voy a meterme al trasvestismo; Mis padres están de acuerdo. Cambiaré mi nombre a Roberto y me haré cirugía...
Él sólo asintió con la cabeza y bebió otro sorbo de café perezosamente. Vi a mi alrededor frustrada y noté lo vacía que estaba la cafetería. Me concentré en las copas de los árboles y el firmamento, únicamente para no darle un zape en la cabeza a Aaron. Así que sólo me limité a seguir trantando de hacerlo reaccionar:
-Y... también debo confesarte que me cojo a tu madre y a tu hermano cada semana...
Ni siquiera me miró a l rostro, y noté que uno de los empleados me dedicaba una mirada rara, como de: "Ésta tipa está loca", a lo que yo le hice un gesto de que se esfumara. Luego le chasqueé los dedos en la cara a Aaron.
-¡Hey!
Él reaccionó, como si lo hubiera despertado de un profundo sueño.
-¿Qué pasa? -pregunta.
-Eso debería preguntartelo yo... -digo, cruzando los brazos-. Llevas rato en las nubes...
Él junta sus manos y suspira. Luego queda en silencio.
-¿Qué ocurre?
Por un momento creí que no me respondería.
-Es... Dylan...
Su voz sonó temblorosa. No me fue difícil encajar las piezas al ver cómo me miraba con ojitos de perro y sus mejillas se tornaban rosadas.
-¿Te gusta Dylan?... -hacía un esfuerzo grande para no parecer impactada ni nada por el estilo-. ¿Eres Gay?
Él negó con la cabeza, como si la idea le fuera imposible consevirla en su mente.
-Entonces... ¿Bisexual?
Volvió a sacudir la cabeza, esta vez haciendo amago de llorar. Dije cada orientación sexual que concía y, cada vez, Aaron volvía a negar... Me costó entenderlo. Mucho... No quería que se sintiera mal, así que sólo le tomé su mano y le dije -: Está bien; te apoyo.
Él me sonrió... y me prometió que lo hablaríamos con más calma después.
Siguió bebiendo su café aunque seguramente ya estaba frío...