
El cielo se pinta de gris, comienza a llover.
Miras por la ventana hacia tu jardín del edén.
A través del vidrio observas al agua caer,
las orquídeas bailan bajo la lluvia de placer.
De niño recuerdas esos días sin preocupaciones,
sin rutinas. Al patio corrías para jugar
entre una lluvia fría que daba energía,
como un sátiro bailando entre los bosques.
Para las flores eras su juglar.
Y luego piensas en esos días de frío.
La lluvia te arrullaba con su ruido,
en tus sábanas te envolvías queriendo sentir
el cálido fervor de esa alma, que te aviva como una llama.
Pero sólo el calor de tu laptop te acompaña.
Ahora te preguntas, ¿por qué temerle a la lluvia?
Al verla todos corren y se refugian.
¿Será que ignoran a ese niño que
bajo ella corría? ¿Ahora sólo sienten
sus ropas frías? No quiere que lo olviden.
Sólo sé que al ver el cielo gris lo admiro
y con el tacto frío de sus lágrimas sonrío.
Porque en ellas encuentro belleza,
una que sólo otorga la naturaleza.
Y aunque el día se torne oscuro, más son
los dulces recuerdos, que los sabores amargos.
