¿Ya les conté la historia de Rorghan y la Serpiente Nebulosa? ¿No? ¡Este en su día de suerte! Porque hoy, les relataré como, mucho tiempo atrás, la Tierra casi fue devorada. Así que, por favor, tomen asiento…
Hace millones de años, cuando la Tierra apenas estaba dando sus primeras evidencias de vida, el Universo era todavía joven. Estaba Rorghan, el Cazador, el Pescador, el Valiente, uno de los diez Celestiales, destino a cazar la mayor presa de todas: ¡La Serpiente Nebulosa!
Una criatura con una boca tan grande que podía engullir mundos enteros, y tan larga como un Sistema Solar. A lo largo de su extenso lomo tenía clavado varios arpones, hechos con residuos de una estrella muerta. Estos eran los arpones con los que Rorghan había intentado matar a la criatura, pero falló en cada intento.
Se dice que dejaba una estela de nebulosa por donde pasaba. Una naturaleza tan destructiva, con una hermosa huella.
La serpiente era una devoradora de mundos, pero no se alimentaba de cualquier tipo de planeta. Esta solo comía aquellos en los que percibía vida.
¡La caza se extendió por eones!, ninguno de los dos parecía desistir de su objetivo. La serpiente debía ser detenida, o no quedaría ningún mundo que albergara vida.
El Celestial más sabio le dijo a Rorghan que nunca sería capaz de matar a la serpiente a menos que estuviera dispuesto a arriesgar su tesoro más valioso. Para el Cazador, el tesoro más valioso era la vida, aquello que intentaba proteger, y su mundo favorito, era la Tierra. Un lugar con un gran futuro por delante.
Entonces, Rorghan retiró el manto que había puesto sobre la Tierra, su olor a vida atraería a la serpiente. Con suerte, al usar nuestro mundo como cebo, el Cazador tendría la ventaja, haciendo que la serpiente viniera a él, en lugar de perseguirla.
Así pues, Rorghan se ocultó detrás del gigante Júpiter con su arpón más fuerte en mano, y esperó.
No pasó mucho cuando la serpiente apareció. Una criatura colosal, con ojos que brillaban como dos soles verdes, y un cuerpo cubierto de pequeñas estrellas que se adhirieron a su piel hacia millones de años. Por medio de grandes cráteres ubicados en todo su cuerpo despedía estelas de nebulosas de todos los colores. Aquellos que lograron verla, aseguraron que nunca antes habían visto algo tan hermoso.
Los arpones incrustados a lo largo de su lomo no parecían pesarle. Se acercó a la Tierra a una gran velocidad, abriendo su boca abismal, dejando ver el agujero negro en su garganta.
Cuando la Serpiente Nebulosa estuvo a punto de tragar la Tierra, Rorghan salió de su escondiste y la emboscó. Alzó el arpón, tensó todos sus músculos, apuntó, y lo lanzó.
El arma voló a una velocidad demencial, atravesó el espacio como un comenta de punta afilada… ¡Y se incrustó dentro de la boca de la serpiente!
La criatura gritó de dolor, se retorció, despidiendo nubes de nebulosas a lo largo de toda la galaxia, hasta que finalmente, murió. Su cuerpo se desintegró en millones de estrellas que se esparcieron por el Cosmos.
Rorghan, fue conocido desde ese día como el más fuerte de los Celestiales. Y al día de hoy, continúa cuidando de la Tierra, su mundo con vida favorito.