Hace unos días tuve la oportunidad de hablar con un compañero del trabajo. Nosotros sólo habíamos tenido intercambios de palabras casuales, muy raramente sosteníamos una conversación, sin embargo, nos llevábamos muy bien. La razón por la que esta conversación fue muy diferente a todas las demás, es porque nos estábamos despidiendo. Uno de los dos ya no iba a seguir trabajando.
Es una conversación que difícilmente voy a olvidar, y si llego a hacerlo, hay una oración en específico que siempre recordaré. Me dijo algo que hasta el día de hoy, me sigo repitiendo. Lo que escribo aquí está inspirado en esa oración, porque desde que me la mencionó y me explicó un poco de su significado, he tenido tiempo para pensar y meditar al respecto.
Lo que me dijo fue algo así: “Así como el Universo es un macrocosmos, un enorme lugar donde podemos encontrar cosas maravillosas más allá de nuestro mundo, nuestro ser en sí es un microcosmos, y si emprendemos un viaje espiritual exploraremos todas las maravillas que el Universo dentro de nosotros puede ofrecer. ”
Esto fue lo que saqué de mi análisis.
Nuestra cabeza es el mundo, y nuestra esencia (o alma, como mejor quieran definirlo) es el basto Universo donde nuestro mundo ocupa sólo una milésima parte. ¿Y si pudiéramos conectar ambos elementos? O mejor dicho, así como en nuestro planeta hay quienes trabajan para conocer lo que el cosmos tiene para ofrecernos, nosotros deberíamos emprender un viaje dentro de nosotros, explorar el microcosmos que es nuestra esencia.
Tenemos el mal hábito de buscar respuestas fuera de nosotros, en terceros elementos, cuando la verdad es que esas ansiadas respuestas están en un solo lugar, en nosotros mismos.
Si pasáramos más tiempo explorando el microcosmos nos llegaríamos a conocer mejor. Encontraríamos aquellas cosas que mueven los engranajes de nuestra motivación. La mente puede concebir muchas cosas, y generar ciertas emociones, pero hay una emoción en particular que nace sólo de la misma esencia, eso es la pasión. Ella va más allá de la visualización que ofrece la mente, se concentra en el sentir.
Les daré un ejemplo, mi mente en ningún momento me visualizó redactando historias, relatos o contenido para un blog. Pero la pasión que sentí hacia un mundo que en mi mente había creado me llevó a plasmarlo en palabras, eso se convirtió en mi primera historia, y de ahí en adelante, descubrí la pasión que siento por escribir.
Es un lugar donde podremos encontrar cosas que ni siquiera conocemos de nosotros mismos, algunas nos gustaran, otras quizás no. En ese punto la mente puede entrar en juego, el mundo en ella empieza a cambiar, porque ya posee una visión más amplia y un conocimiento aún mayor. A veces hay verdades que están siempre ahí, algunas pueden resultar incomodas, otras nos permiten tomar mejores decisiones con respecto a nuestra vida, y la falta de conexión con nuestra esencia puede hacer que las ignoremos.
No estoy diciendo que esto sea así, ni que deban hacerlo para ser felices con ustedes mismos. Es sólo un punto de vista que adquirí y desarrollé gracias a una conversación que tuve con una buena persona. Para ser honesto, la idea de vernos como un microcosmos que necesita ser explorado me gusta mucho, porque así como en el Universo del macrocosmos, en el Universo de nuestro interior hay grandes misterios que están esperando ser descubiertos.
A mí me parece una manera genial de conectarnos mejor con nosotros mismos y con nuestra mente. Es una buena forma de hacer que la esencia y la mente trabajen en sincronía.
De hecho, de eso se trata la meditación, simplemente estoy dando una nueva forma de verlo, una que me parece más interesante y genial. Después de todo, ¿a quién no le gusta dar un viaje?
Por último, quiero darle un especial agradecimiento a , después de todo él ayudó a inspirar este post.
Es todo por ahora. Sí te ha gustado esta nueva perspectiva de ver las cosas déjame saberlo. Y si tienes otra muy distinta ¡también házmelo saber! Las cosas siempre deben verse desde varios puntos de vista.
Tengan un excelente día, amantes de la escritura y la creatividad. Me llamo Nicolás Requena y, por los momentos, me despido.