Me desperté en la mañana con una serena brisa que me llenaba de vida, las hojas se esparcían húmedas entre los árboles, luego la tarde me hizo observar un hermoso cielo, lleno de gaviotas que volaban con total libertad, pero el invierno me recordó en la noche que tu no estabas, entonces me puse a contemplar tu rostro en mi pensamiento y me di cuenta que este deseo de tenerte de nuevo conmigo está en estado crítico.
Si estuviera contigo cuanto te amaría, te daría el tiempo que nunca te di, no perdiera la oportunidad para robarte un beso, ese que tanto me pedías cuando te sentías sin fuerzas. Quiero volver a ver tu tierna sonrisa, el brillo de tus ojos y esas hermosas pecas que destellan en tu piel quisiera contarlas más que las mismas estrellas del cielo. Donde quieras que estés, sabes que te amo y que este sentimiento me está matando.
Vivo solo imaginándote, sintiéndote cerca pero a la vez lejos, a veces me desestabilizo y me descontrolo un poco al recordar que no estas, pero mi mente es la herramienta que me permite tenerte conmigo, a través de un sueño eterno que me mantiene con la esperanza de estar nuevamente juntos. Cada mañana espero con ansias esa brisa que me recuerda tanto a ti, pues nos encantaba recibirla siempre.
No puedo olvidar los atardeceres que veíamos en la playa, la aurora que contemplábamos, las madrugadas llenas de amor sin cesar, tu respiración cerca de mi cuello, solo quisiera devolver el tiempo para seguir estando contigo y no dejarte de amar ni un solo segundo, deseo caminar contigo en el campo como solíamos hacerlo. Sin embargo, se bien que tú también sueñas conmigo y me recuerdas, que en cada paso que das sientes mi presencia, tu sabes dónde estoy, pero aún no quieres aceptar esa realidad tan dura.
Día 2:
La dura realidad
Entre la mañana y la brisa me recuerdan que debo buscarte, que al salir el sol en la primavera debo tomar tu mano y no dejarte ir. Una tarde caminábamos en el jardín y mientras hablábamos, tu dulce mirada reflejó amor y desespero en medio de la conversación, fue en ese instante cuando me di cuenta que añorabas mi presencia, mis abrazos, mis caricias, tan solo un poco de mi estaba allí presente.
Tus ojos brillaban mientras me observabas y yo buscando la manera de acercarme más, pero las brechas se cerraban, los latidos iban desapareciendo al mismo tiempo que las nubes, todo se volvía gris, mis manos eran el reflejo de un alma llena de melancolía y se disolvían entre la desesperanza y la pérdida de conciencia, solo de lejos escuchaba tu voz, gritando en el vacío de las profundidades.
Mi boca se secaba poco a poco, saboreaba una cruel despedida y entre los sollozos, seguía en el suelo tratando de levantarme, pero mi cuerpo estaba tieso y con la necesidad de tenerme atado al adiós del cual tanto temí todos estos años, sabía que algún día mi corazón iba a dejar de latir, que yo iba a dejar de respirar y que tal vez si estaba contigo era solo un sueño tuyo que me regresaba a la vida al menos por un momento.
Eres como esa máquina del tiempo que me da luz en mis días de oscuridad, regresándome a donde siempre pertenecí, con una sonrisa que me paraliza a tal punto que no puedo ni hablar. Solo me queda contemplar tu mirada y con mis manos frías tomar las tuyas y entrelazarlas hasta que se esconda el sol y al regresar a mi morada solo espero encontrarte de nuevo en otra vida….